Capítulo 222
Le tiré del cinturón mientras lloraba y gritaba su nombre.
De repente, Mateo me abrazó, y me preguntó con una mirada intensa:
—¿De veras lo quieres tanto?
Asentí de forma instintiva. Toda mi vergüenza, orgullo y dignidad habían desaparecido.
Jadeando, le supliqué con dificultad:
—Por favor... por favor, ayúdame a calmar esto...
La mirada de Mateo se hizo aún más intensa, como si estuviera luchando por contener algo.
Con voz áspera, me preguntó:
—¿Estás segura de a quién estás viendo? ¿Quién soy yo?
—Mateo... —me aferré a su cuello, pegando todo mi cuerpo al suyo, y le respondí con dificultad pero con firmeza.
—Eres Mateo...
—¿Y si frente a ti estuvieran Michael o Javier,
también estarías así?
Mateo aún no me creía, seguía pensando que cualquier hombre me servía.
Yo estaba cada vez más confundida.
Balbuceé:
—¿Quiénes son esos...? Yo solo te quiero a ti, Mateo, solo a ti...
En ese momento, quedé atrapada debajo de él.
Todo lo que pasó después fue un caos.
No recuerdo cómo le rogué a Mateo que me lo diera.
Tampoco recuerdo cuántas cosas vergonzosas le dije.
En medio de mi delirio, solo recuerdo que me agarró de los hombros y me susurró al oído con voz rasposa y feroz:
—Ojalá pudiera morirme dentro de ti.
Toda la noche fue un ir y venir borroso, que parecía no tener inicio ni fin.
Ni siquiera sabía quién era yo.
No sabía quién era el hombre sobre mí.
Tampoco sabía dónde estábamos.
Cuando comenzaba a amanecer, él finalmente se apartó de mí.
Lo vi caminar hacia la ventana, envuelto en una toalla.
Una ráfaga de aire fresco entró, y sus palabras frías y crueles me golpearon:
—A esos dos no los quiero volver a ver en Ruitalia. Además, dejen a ese imbécil con un dedo menos.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)