Capítulo 24
Alan cruzó los brazos y se burló de mí.
-Este hotel es mío, y este concurso de baile también. Lo organizamos por pura diversión.
Queremos aprovechar para ver mujeres hermosas. Así que, para participar, tienes que ser una verdadera mamacita en apariencia y figura. Las inscripciones las supervisamos nosotros, porque los de recursos humanos siempre son muy estrictos, no tienen ni idea de lo que es tener buen gusto. Dime, mi querida Aurora, ¿tengo o no tengo razón?
¡El colmo de la desfachatez! ¿Su querida Aurora?
Este tipo parecía cualquier cosa menos decente.
Mientras por dentro lo insultaba de todas las maneras posibles, por fuera me esforcé en sonreír con amabilidad.
-Entonces, ¿creen que puedo participar en el concurso?
Alan se llevó una mano al mentón y me examinó de arriba abajo con descaro. Después asintió.
-Hmm... Cumples todos los requisitos, pero...
-Pero ¿qué? -pregunté apresurada.
Suspiró como si estuviera cargando el peso del mundo entero en los hombros.
-Pero tengo miedo de que Mateo venga y arme pleito.
Me atraganté con mi propia saliva, pero traté de mantener la calma.
-Él y yo ya no tenemos nada que ver, no te preocupes.
-¿En serio? -Alan sacó su celular y empezó a deslizar el dedo por la pantalla.- No sé, sigue dándome mala espina. Ese tipo, cuando se enoja, es terrorífico de verdad.
Tenía toda la razón. Mateo enfadado era una pesadilla.
Sin embargo, esto no era más que un concurso de baile. No estaba haciendo nada malo ni planeaba reunirme con Michael. ¿Qué podría decir Mateo sobre esto?
Además, ahora mismo estaría con su amor, seguramente disfrutando de su compañía. No le importaría en lo más mínimo lo que yo estuviera haciendo.
Pensando en los treinta mil del premio y en la deuda de setenta mil, miré a Alan con determinación.
-De verdad, no tienes nada de qué preocuparte.
Y aunque todavía hubiera algo, él no tiene derecho a decirme qué debo o no hacer, yo hago lo que a mí se me venga en gana.
-Oh... -empezó, y sonrió de forma sospechosa. -Eso dices tú, ¿eh? Pero si se pone como loco conmigo, vas a tener que pues defenderme.
Asentí con fuerza, tratando de convencerlo. En mi mente, pensaba que estaba exagerando. No había manera de que Mateo me prohibiera participar, al final yo era libre de elegir.
Finalmente, después de insistir varias veces, Alan accedió a inscribirme en el concurso.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)