Capítulo 242
Mi corazón latía a mil por los nervios.
¿Estábamos en la oficina, y él hacía esto?
En algún momento, su mano llegó a mi cintura y empezó a acariciarme suavemente.
Sus dedos me quemaban, y donde tocaban dejaban una sensación rara, casi de miedo.
Lo aparté con la mano y lo miré, disgustada:
—Mateo, dijiste que vine aquí a trabajar.
—Complacerme también cuenta como trabajo. Y te voy a pagar muy bien.
Lo dijo con total despreocupación, claramente con la intención de humillarme.
Lo sabía. Mi "trabajo" no iba a ser nada fácil.
Comenzó a besarme el cuello, mientras hablaba con ese tono cortante suyo:
—Dime, cuando trabajabas para Michael, ¿él también te trataba así?
—¡Mateo, deja de pensar que todo el mundo es tan pervertido como tú! —le lancé una mirada
furiosa.
Él soltó una carcajada:
—¿Pervertido? Eso es porque no has conocido a un pervertido de veras.
Mientras lo decía, me mordió el cuello con fuerza, como si quisiera desquitarse.
—¡¿Qué haces?! —protesté, empujándolo con fuerza, adolorida.
Su mirada era aterradora.
De repente, me acordé de su expresión despiadada la noche anterior.
Mi valor desapareció.
Me apoyé con las manos en el escritorio, inclinándome hacia atrás, intentando poner más distancia entre los dos.
Al ver la furia en su mirada, pensé que quizás este hombre estaba realmente enfermo... ¿Será que sufre de algún trastorno mental?
Apreté los labios, tratando de no irritarlo más.
De repente, me agarró por la nuca y se acercó, murmurando mientras sonreía:
—Recuerdo que cuando trabajabas para Michael, siempre estabas alegre. Pero conmigo...
solo muestras fastidio. Qué lástima, porque, aunque no quieras, vas a quedarte aquí.
Y dicho eso, me besó con una intensidad casi desesperada.
Asustada, lo empujé.
¡Estaba loco! ¡Esto era una oficina! ¡Cualquiera podía entrar!
Mateo notó mi resistencia y se apartó, mirándome con una mezcla de furia y amargura.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)