Capítulo 252
Esa frase era para Michael.
Pero no pude evitar que su tono dejara claro que disfrutaba de la situación.
¡Ay!
Los hombres... siempre quieren competir por todo.
Cuando terminé de arrastrar la mesa hasta la esquina, estaba bañada en sudor, a punto de caerme del cansancio.
Me dejé caer en la silla, sin fuerzas, y en eso vi a Mateo y a los demás entrar a la sala de juntas.
Camila venía atrás de ellos, cargando unos papeles, con la cabeza en alto y una actitud que gritaba "soy la mejor".
Antes de entrar, hasta me lanzó una sonrisa de esas que dicen "gané".
Hice un gesto de fastidio. ¿De qué se sentía tan importante?
No había terminado de descansar ni cinco minutos cuando ya me estaban pidiendo de todo: que les llevara té, que imprimiera documentos, ¡hasta que les limpiara la mugre debajo del escritorio!
Por suerte, ya había hecho ese tipo de trabajos cuando estuve en la empresa de Michael, así que no era nada nuevo, aunque sí bien agotador.
Y como era mi primer día en la compañía de Mateo, todos parecían empeñados en hacérmelo más difícil.
Me la pasé todo el día haciendo mandados, como si fuera su asistente... o su esclava.
Pero cada vez que me enojaba, recordaba los veinte mil dólares que me pagarían y me calmaba.
¿Qué más podía hacer?
Era obvio que Mateo me había traído solo para molestarme, así que no tenía caso pelearme.
Por fin llegaron las cinco y media, hora de salida. No quise quedarme ni un minuto más porque todavía tenía que buscar dónde vivir.
Había aprovechado un rato libre para buscar en mi celular.
Había varios departamentos pequeños en renta cerca, pero todos costaban un ojo de la cara:
cinco mil dólares al mes, más depósito y renta por adelantado. O sea, diez mil dólares de golpe.
Y yo no tenía ni la mitad de eso. Así que ese plan no iba a funcionar.
Mejor me puse a buscar en zonas más baratas, aunque estuvieran más lejos.
Era pleno otoño, y ya estaba oscureciendo temprano.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)