Capítulo 256
Un hombre como Mateo, tan cambiante y violento, ya mejor ni me esfuerzo en tratar de entenderlo.
Le contesté, irritada:
—Con que te desquites conmigo es suficiente.
No metas a mi familia.
—¡¿Cómo?! —Mateo dijo entre risas, y agregó con voz cortante—:¿En serio crees que regalarte una mansión y traer a tu familia es parte de mi venganza?
—¿Acaso no lo es?
Él volvió a reírse con sarcasmo y de pronto me agarró por la camisa:
—Déjame decirte algo: si quisiera acabar con ustedes, sería más fácil que pisar una cucaracha.
No necesito hacer tantas bobadas.
Se notaba que estaba furioso, conteniendo la ira.
Y lo peor es que sabía que decía la verdad.
Con la diferencia de poder que había entre nosotros, si quisiera hacernos desaparecer de
Ruitalia, lo lograría en un abrir y cerrar de ojos.
Entonces, si no era por venganza... ¿Por qué este repentino acto de "generosidad"?
Lo miré sin entender:
—¿Por qué de repente eres tan "amable", regalándome una mansión tan cara?
Mateo no apartaba la vista de mí mientras apretaba cada vez más fuerte.
Casi me rompe la camisa.
¡Como si la ropa creciera en los árboles!
Le golpeé la mano para que me soltara.
Él se rio un poco:
—¿Quieres saber la razón por la que te doy esta casa?
Me quedé quieta, esperando sus palabras mientras sentía un pequeño rayo de esperanza en el pecho.
Quería que dijera que aún me quería, que no podía olvidarme, que quería que volviéramos a como éramos hace tres años.
Pero qué boba fui.
Porque lo que dijo fue, con una sonrisa malvada:
—¿No te lo dije? Eres la otra. Si no te doy una casa decente, ¿dónde vamos a pasar el rato juntos?
Ya había escuchado muchas cosas crueles de él.
Pero mi corazón no era de piedra.
Y seguía doliendo, mucho.
Miró alrededor y se burló:
—Este lugar ni siquiera tiene espacio para que podamos divertirnos un rato.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)