Capítulo 30
El tipo no alcanzó a terminar de hablar cuando Alan le soltó un manotazo directo al ojo.
-¿Estás loco o qué? ¿Cómo te atreves a desear a la mujer del señor Bernard?
-¿Cómo? ¿La mujer del señor Bernard? -La cara le cambió por completo. De inmediato se cubrió los ojos con ambas manos, nervioso. — ¡Ya no miro! ¡No miro nada! ¡Y ya mejor me voy, jeje!
Y, dicho esto, salió corriendo como si hubiera visto un fantasma.
Me acerqué a Alan, y le dije, seria:
-Por favor, no andes diciendo por ahí que soy la mujer de Mateo. Entre él y yo ya no hay nada, y si esas palabras llegan a oídos de la persona que él en verdad ama, eso me metería en líos innecesarios.
-¿No eres tú acaso la persona que él ama? - Alan me miró sorprendido. Pero, al instante, desvió la mirada incómodamente.
Supuse que no sabía nada sobre la existencia de
"la lucecita de los ojos", así que no quise seguir explicándole.
-La persona que él ama nunca podré ser yo. - respondí con calma y fui directo al espejo para maquillarme.
Desde atrás escuché cómo Alan murmuraba, confundido:
-Si no eres tú, ¿entonces quién? Jamás lo he visto tan sumiso con nadie más.
Esa frase casi me hace reír.
¿Mateo sumiso conmigo porque me quiere? Por favor.
Su actitud humilde de antes era porque en ese entonces era el yerno mantenido de mi familia, sin dinero, sin poder, sin estatus. ¿Qué más podía hacer sino agachar la cabeza?
Mírenlo ahora, con su aire de grandeza. Es él quien me trata como a una criada. Si no hago todo perfectamente, me mira con ojos de loсо desquiciado.
No importa por dónde lo viera, simplemente no puedo imaginarme a Mateo sintiendo algo por mí.
De hecho, si yo fuera él, tampoco podría querer a alguien que lo humilló como yo lo hice en el pasado. Y, siendo honesta, probablemente yo habría sido mucho más cruel que él, vengándome de todos los que me trataron mal.
En comparación, Mateo ha sido bastante...
compasivo.
La maquillista comenzó a hacer su magia conmigo, el estilo era uno que mezclaba inocencia con sensualidad. Con la ropa de sirvienta que llevaba puesta, el maquillaje resultaba aún más provocativo.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)