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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 352

Capítulo 352

—Siempre piensas que no tengo buenas intenciones —dije en voz baja—. Entonces, ¿por qué sigues conmigo? ¿No es como criar un cuervo que te va a sacar los ojos?

—¿No lo sabías? A veces, torturar a alguien también es una forma de entretenerse —respondió Mateo.

Sentí una punzada de autocompasión en mi interior.

Así que su razón para seguir conmigo era simplemente que se la pasaba bien torturándome.

Hablar con este hombre solo servía para frustrarse.

Bajé la cabeza, apreté los labios y ya no quise decir nada más.

De repente, una mano cálida sujetó la mía.

Levanté la cabeza, pero solo vi su espalda.

Me estaba llevando de la mano hacia adelante.

—Deja de perder el tiempo. Si luego te mueres de hambre, no me vengas con quejas —dijo.

Me quedé mirando su mano, un poco aturdida.

Era una mano bonita, limpia, de dedos largos y bien definidos.

Con una sola mano cubría completamente la mía.

Estaba tan cálida que en cuestión de segundos mis dedos helados se sintieron reconfortados.

No podía evitar sentirme segura al estar así, tomada de su mano.

Al principio caminaba rápido, y yo no me atrevía a decirle que bajara el ritmo, así que tuve que trotar un poco para seguirle el paso.

Después de un rato, tal vez se dio cuenta, porque empezó a caminar más despacio.

Mientras lo seguía, una cálida sensación se deslizó por mi pecho.

Pensándolo bien, mientras Camila no estuviera en su mente, este hombre no me trataba tan mal.

Estaba sumida en mis pensamientos cuando, de repente, Mateo giró la cabeza para mirarme, con una mezcla de impaciencia y desagrado en la mirada.

—¡Caminas muy lento! ¿A qué hora crees que vamos a terminar de cenar?

Miré a otro lado, sin ganas de responder.

Olvídalo. Mejor fingir que todas esas cosas bonitas que pensé antes nunca cruzaron por mi mente.

Con este hombre no se puede bajar la guardia ni un segundo; cualquier pizca de afecto que le tengas, él se encarga de pulverizarla.

A modo de venganza, apuré el paso con fuerza.

Justo en ese momento, un delicioso aroma a caldo de carne flotó en el aire, despertando mi apetito.

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