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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 401

De la nada, escuché su voz grave y seria detrás mío.

Sentí cómo todo mi cuerpo se ponía tenso. Me apuré a limpiar mis lágrimas y pregunté con indiferencia:

—¿Necesita algo más, señor Bernard?

Por un rato, el hombre atrás de mí no contestó nada. Con la voz igual de seca, agregué:

—Si ya no tiene nada más, tengo cosas que hacer.

Dicho eso, di un paso y seguí rumbo a la puerta.

Pero entonces, su voz dura volvió a dejarse oír:

—Si la culpa fue tuya, no busques excusas. ¡Un error es un error!

¿Mi culpa?

¿Para él, yo solo estaba inventando pretextos y lavándome las manos?

Sentí una ola de rabia y de impotencia que me apretó el pecho.

Apreté fuerte el informe, me di la vuelta y, con la voz baja y quebrada, le grité:

—¡Está clarísimo que esa mujer me tendió una trampa! Las pruebas las tiene frente a usted. Solo que no quiere aceptarlo. Prefiere protegerla.

Pero aunque me enojara, aunque sintiera esa rabia y esa injusticia, aunque todo eso me pesara…

Él seguía ahí, recostado en su silla, viéndome sin inmutarse, con la cara totalmente indiferente.

Dijo:

—En el trabajo, si el error fue tuyo, fue tuyo. Punto. Lo demás son excusas. Y tus famosas “pruebas” no demuestran nada. Incluso si de verdad comprobaran que alguien te hizo daño, igual es tu problema. Es tu culpa por no cuidar bien tus datos, por no ponerle clave a tu compu, por dejar que te agarraran desprevenida. Ante algo así, lo primero que tienes que pensar no es en quién te dañó, sino en cómo te defendiste tú. Lo único que quiero ver son datos correctos, resultados correctos. Los líos personales y las broncas entre ustedes no me interesan.

Claro… para un jefe, solo importa que el trabajo salga y que los resultados estén bien.

Los pleitos y trampas entre los empleados no le importan para nada.

Al final, fui una tonta. En serio creí que él iba a defenderme.

Pero así es la cosa. Si en mi lugar hubiera estado Camila, él no habría reaccionado así de distante.

Al final, yo no le importo nada.

Y sí, con ese nivel de desprecio hacia mí, ¿qué valor puedo tener?

Qué ingenua fui… Pensé que con las pruebas a la mano, él iba a hacer justicia por mí y le iba a poner un alto a Camila.

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