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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 408

Justo cuando sentí alivio por no haber intentado escapar, Mateo levantó la vista hacia mi ventana.

Apreté los labios y cerré de inmediato la ventana.

Me giré y me apoyé contra el cristal, recordando el sueño que acababa de tener.

En mi sueño, otra vez estaba encerrada en la oscuridad, sin salida... y veía a Mateo y a Camila llevándose a mis bebés. El dolor era insoportable.

Solo pensar en eso me hacía temblar de pies a cabeza.

Hundí la cara entre mis manos, llena de ansiedad, desesperación y sintiéndome completamente débil.

En lo que quedaba de la noche dormí mal. Me desperté varias veces, con el corazón latiendo al tope.

Solo cuando ponía las manos sobre mi vientre, ya algo abultado, y sentía la vida de esos dos pequeños, se me calmaba un poco la ansiedad.

Pero apenas pensaba que ese hombre pronto descubriría mi embarazo y me arrebataría a mis bebés, el dolor me partía el alma.

A veces lo odiaba tanto… ¿por qué tenía que ser así conmigo?

Son mis hijos. ¿Con qué derecho piensa quitármelos?

En silencio, las lágrimas caían por mis mejillas. Hundí la cara en la almohada, sintiendo cómo me dolía el corazón con cada latido.

Al día siguiente, alguien golpeó mi puerta.

Me quedé en la cama, sin moverme, tapada hasta la cabeza.

Toc, toc, toc…

Los golpes seguían. Eran fuertes.

Me tapé por completo con las sábanas, sin contestar.

Después, el teléfono empezó a sonar.

Estiré la mano, lo tomé y vi que era Mateo el que llamaba.

Lo aventé a un lado, sin ganas de hablarle.

Pero él seguía insistiendo, como si fuera a marcar un millón de veces hasta que yo contestara.

Los golpes seguían, y el timbre del teléfono no paraba.

Cada sonido era como una reja de mi cárcel.

Encerrada en el cuarto, me puse a llorar, sintiendo que no podía más.

Pasó un buen rato antes de que los golpes se detuvieran, pero el teléfono seguía sonando.

Respiré hondo, intenté tranquilizarme y al final contesté la llamada.

Apenas lo hice, escuché la voz de Mateo, molesta y con un toque burlón:

—¿En serio crees que si te escondes, te vas a librar de ir al hospital?

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