Capítulo 41
Mi cuerpo se quedó completamente rígido.
¡Esa voz me resultaba tan pero tan familiar! ¡Era la voz de mi padre!
¡Mi papá había ido a la empresa de Mateo!
Al darme cuenta de esto, corrí rápido hacia el ascensor.
No era de extrañar que esas personas me estuvieran mirando así, įmi padre había ido a hacer un escándalo!
Vi a mi padre persiguiendo a una mujer mientras bajaban del ascensor, gritándole e insultándola sin cesar:
- ¡Eres una sinvergüenza! ¡Mi yerno y mi hija estaban bien! ¡Fuiste tú la que se metió y arruinó su matrimonio!
-¿Cómo puedes ser tan descarada? ¿Tan joven y no sabes trabajar para ganarte la vida? ¿Por qué tienes que meterte con hombres ricos casados?
Además, hay muchos de esos, ¿por qué tenías que fijarte precisamente en mi yerno? ¿No tienes vergüenza? ¡Malnacida!
La mujer tenía una apariencia pura y delicada.
Sus ojos reflejaban inocencia, y su cabello negro y liso le daba un aire de fragilidad.
Corrí hacia ellos y me paré entre mi padre y ella:
- ¿Qué estás haciendo?
- ¡Es ella, Aurora! Investigué y esta innombrable fue la que le metió cosas en la cabeza a Mateo. Si no fuera por ella, él nunca habría querido divorciarse de ti.
- ¡No, no tiene nada que ver con nadie más!
Ver a mi padre así casi me hizo perder la cordura.
-Mi divorcio con Mateo es un problema entre nosotros, no tiene nada que ver con otras personas. ¿Puedes dejar de decir tonterías, por favor?
- ¡Qué ingenua eres, hija! Mateo te quería tanto, ¿cómo iba a querer divorciarse si no fuera por culpa de esta mujer?
¡Basta ya! -lo interrumpí, furiosa.
-¡Fui yo la que no lo amaba, fui yo la que lo odiaba y la que insistió en divorciarse! ¿Te basta con eso?
- ¡Ma... señor Mateo!
Tú la querías tanto antes, ¿cómo pudiste divorciarte de ella, así como así?
- ¡Basta, papá! -le dije mientras tiraba de su brazo, sintiéndome completamente humillada.
Mateo de repente se volteó hacia mí, con una mirada burlona:
- ¿Quién dijo que me gustaba ella?
Me quedé completamente congelada al escuchar sus palabras. Una punzada atravesó mi pecho.
Es cierto, Mateo nunca dijo que me quisiera.
Al principio, se casó conmigo solo porque, tras
una noche de copas, terminamos juntos y los medios comenzaron a especular. Él no tuvo más remedio que casarse conmigo.
¿Cómo estaría dispuesto a casarse conmigo, con alguien que lo había tratado tan mal?
Y alguien tan despiadado como Mateo, mucho menos.

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