Corrí hasta el pasillo del ascensor, pero cuando llegué, ella ya se había ido.
No logré verle bien la cara, pero estaba casi segura de que era la mujer que estaba seduciendo a mi papá.
Entonces, ¿por qué ella estaba con Camila?
¿Acaso Camila la contrató solo para engañar y seducir a mi padre?
De solo pensarlo, me llené de ira.
¡¿Qué demonios pretende esa loca?!
De la nada, ya tenía a Camila al lado y, sonriendo, me dijo:
—Aurora, ¿por qué corriste así?
Le pregunté con seriedad:
—¿Quién era la mujer que hace un momento estaba contigo?
Camila cruzó los brazos y me respondió, con una sonrisa burlona:
—Es una amiga mía, ¿qué pasa? ¿También la conoces?
—¿Una amiga tuya? —dije, molesta.
—Si de verdad es tu amiga, ¿por qué apenas me viste llegar, le dijiste que se fuera corriendo?
Camila se echó a reír como si acabara de escuchar un chiste ridículo.
—Aurora, estás delirando. Mi amiga tenía un asunto urgente, solo le dije que podía irse primero.
—Aunque—añadió con tono sarcástico—, ¿qué significa eso? ¿Acaso tengo que presentarte a cada persona que conozco?
Al ver que no pensaba decirme la verdad, decidí dejarme de rodeos.
—Esa mujer de antes la contrataste tú para joder a mi papá, ¿verdad?
De inmediato, Camila puso cara de inocente.
—Aurora, ¿de qué hablas? Yo ni siquiera conozco a tu padre, ¿por qué querría contratar a alguien para hacerle algo?
—¡Deja de fingir!
Di un par de pasos hacia ella y la miré fijamente mientras le dije:
—Te lo advierto, ni se te ocurra hacerle daño a mi familia. Si llego a descubrir que mandaste a esa mujer a destruir a mi familia, ¡no te lo perdonaré jamás!
—¿Y a quién no vas a perdonar?
Apenas terminé de hablar, una voz molesta y familiar resonó a mis espaldas.
En un instante, mi corazón dio un vuelco y me puse tensa.

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