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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 566

—¡Ya no más! —le grité de repente antes de que terminara de hablar. Toda la frustración que llevaba acumulada estos días explotó.

—¡Siempre me echas la culpa! ¡Y ni siquiera fui yo la que quiso venir a ver a tu madre! ¡Fue ella la que me llamó y me pidió que viniera! Es tu madre, yo respeto a los mayores, ¿cómo iba a negarme? ¿Por qué todo tiene que ser mi culpa siempre?

Sentía los ojos arder, con un nudo en la garganta. Toda la tristeza y el resentimiento encontraron por fin una salida.

Lo miré fijamente, conteniendo las lágrimas.

Mateo apretó los labios. Se veía incómodo.

No tenía ni una pizca de ganas de seguir discutiendo con él.

Si su corazón ya estaba del lado de Camila y su mamá, entonces nada de lo que yo dijera tenía sentido.

Respiré profundo, me giré y fui a abrir la puerta del auto.

Pero él volvió a sujetarme antes de que pudiera bajarme.

Y sin darme tiempo a reaccionar, me agarró de la nuca y me besó con pasión.

Por instinto, empecé a forcejear, dándole puñetazos en el pecho.

Tal vez su herida no estaba del todo curada, porque cuando lo golpeé, exhaló de dolor.

Sin embargo, no me soltó. Al contrario, me abrazó más fuerte, aplastándome contra su pecho.

Fue brusco, urgente, casi dominante.

Pensé en su herida y, al final, dejé de resistirme.

Pasó un buen rato antes de que me soltara.

Me faltaba el aire. Estaba mareada y veía borroso.

Sus ojos estaban oscuros, llenos de emociones contenidas. En su mirada había rabia, dolor, y algo más que no supe descifrar.

Bajó la ventanilla del auto.

El viento frío entró con fuerza, haciéndome temblar. Ese escalofrío me ayudó a recuperar la claridad.

Con una mano agarraba el volante. Con la otra, jugueteaba con un cigarro. Quiso encenderlo, pero al final no lo hizo.

Yo lo observaba en silencio, intentando calmar la tormenta de emociones dentro de mí.

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