Aunque traté de aguantar, me reí en su cara. Luego, le dije:
—A ver, te respeto porque eres la mamá de Mateo, por eso siempre traté de llevarme bien contigo. Pero que ahora me pidas que le entregue a Camila lo que nació del amor entre Mateo y yo, eso ya es el colmo. Tú también eres mamá, ¿cómo se te ocurre siquiera pedir algo así? Además, ¿alguna vez pensaste en lo que sentiría Mateo? Solo por quedarte tranquila y pagarle la deuda a Logan, ¿eres capaz de hacerle esto a tu hijo y a tu nieto? Qué egoísmo… la verdad, hasta das miedo.
—Maldita... ¡te dije que te callaras!
Sayuri se puso nerviosa, me señaló con el dedo y de inmediato empezó a toser fuerte tapándose la boca.
La miré con rabia.
Todo lo que hice estos días para tratar de caerle bien fue en vano.
No solo seguía con la necedad de juntar a Mateo con Camila, ¡sino que ahora hasta tenía las agallas de tratar de quitarme a mis bebés!
Me dejó indignadísima.
Sayuri tosió un rato y, de la nada, rompió en llanto, tapándose la cara con las manos.
La observé, sin saber qué teatro iba a hacer ahora.
Lloró un buen rato, y luego, secándose las lágrimas, me miró con cara de dolida, ya sin ese aire autoritario de antes.
Dijo:
—¿Tú crees que no quiero que mi hijo sea feliz? ¿Que no quiero una familia de verdad para mis nietos? Lo que pasa es que nosotros le debemos mucho a los Martínez. Mateo tiene la obligación de cuidar a Camila. Aurora, te lo digo en serio: Camila está enferma, su salud está mal, nadie sabe cuánto le queda. Solo te pido que la comprendas, que le cedas a Mateo por un tiempo. Cuando ella ya no esté, tú y él podrán hacer su vida como quieran. Te lo ruego, déjaselo por ahora.
Me aguanté las ganas de reírme.
Así que como la amenaza no le funcionó, ahora viene a suplicarme.
Le contesté, seria:
—Eso es algo que deberías hablar con Mateo, a ver si él quiere. Y otra cosa: no es que “ustedes” estén en deuda con los Martínez. Eres tú, solo tú, la que tiene esa deuda. Esa deuda no la tiene que pagar ni Mateo ni mucho menos yo.

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