Desbloqueé el teléfono y vi más mensajes de Camila.
“Acabo de llevarle la cena a Mateo, le encantó, no dejaba de hablar bien de mi comida.”
“Mateo incluso me pidió que le diera un masaje, jeje. Aunque dice que solo te quiere a ti, la verdad es que le gusta más estar conmigo.”
“No lo esperes esta noche, ¿sí? Tal vez vuelva muy tarde, porque quiere que lo acompañe.
Leyendo esos mensajes, sonreí de ironía.
Camila era muy infantil.
No planeaba responderle, pero justo cuando iba a apagar el teléfono para dormir, me mandó más mensajes:
“¿Qué pasa? ¿Te pusiste triste?”
“Aurora, te lo aclaro desde ya: Mateo solo puede ser mío.”
Muerta de la risa, ahora sí le contesté:
“Sobre la cena, Mateo ya me contó. Me aseguró que no se comió nada de lo que le llevaste, que pidió comida a domicilio.”
“Además, acabo de hablar con él por teléfono. Me dijo que está solo en la oficina, trabajando. Así que eso de que te pidió que lo acompañaras, no es cierto.”
“Y por último, deja de mandarme estas bobadas. Das pena.”
Después de mandar los mensajes, apagué el teléfono de inmediato. Ya me estaba quitando el sueño.
Si esto hubiera pasado antes, tal vez lo habría creído, habría dudado de Mateo y pensado que tal vez le gustaba Camila.
Pero ahora que decidí confiar en él, no iba a dejar que me manipulen con mentiras baratas.
Últimamente he dormido muy bien, y esta vez no fue la excepción: dormí hasta que amaneció.
Cuando me levanté, vi a mi mamá en la cocina. Esa sensación era increíble, como si hubiera viajado en el tiempo, a cuando era una niña feliz e inocente.
Después de bañarme, encendí el teléfono y vi que había varios mensajes de Camila.
Los primeros eran burlándose, diciendo que me estaba engañando a mí misma y que no quería ver la verdad.
Los siguientes eran insultos, seguramente porque no le respondí nada.
A veces de verdad no entiendo a Camila. ¿Qué gana con esto? ¿Molestarme? ¿Provocarme?
¡Qué infantil!
Además de sus mensajes, había uno de Mateo:
“¿Ya despertaste? Cuando te despiertes, llámame.”
Sonreí. Tomé una rebanada de manzana que cortó mi mamá y la mordí mientras le marcaba a Mateo.
Lo intenté dos veces, pero no contestó.
Pensé que tal vez estaba en una junta, así que no me preocupé y me senté con mi mamá a desayunar.
—Aurorita, ¿vas a salir hoy?

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