Por la noche, Mateo pasó por mí para ir a cenar.
Primero entró a la habitación del hospital para saludar a mi mamá y luego me llevó al restaurante que había reservado.
Ese año, Ruitalia estaba pasando por un invierno muy fuerte.
La brisa fría, me quemaba las mejillas.
Mateo me acomodó la bufanda y después me tomó de la mano para subir al carro.
Estos días, con todo lo de mi mamá, casi no había tenido la oportunidad de ir a ver a su madre.
Mientras me abrochaba el cinturón, le pregunté:
—¿Como ha estado tu mamá?
Mateo asintió:
—Todos los días recibe a tiempo sus inyecciones. Solo estamos esperando la operación del 20.
Apreté los labios y dije:
—Ese día quizá no pueda ir a verla, ni quedarme contigo a esperar a que salga de la cirugía.
—Está bien —Mateo me apretó la mano y me dijo, con una sonrisa cariñosa— Ese día tu mamá también entra al quirófano. Aunque seas mi esposa, ella es tu mamá y esta primero.
Hizo una pausa y dijo, emocionado:
—Este año ha sido pesado. Cuando nuestras mamás salgan bien de la operación, por fin vamos a poder respirar, y podremos celebrar el Año Nuevo juntos.
—¡Claro! —contesté, animada.
Mateo se inclinó y me dio un beso en los labios.
Sus ojos oscuros me miraban fijamente, tanto que podía verme en ellos.
Me acarició el cabello y la nuca, luego me susurró:
—Después de Año Nuevo voy a empezar a organizar nuestra boda. Quiero diseñar yo mismo tu vestido y tus anillos.
Lo miré, sorprendida:
—¿Tú también sabes hacer eso?
—Soy muy talentoso, ¿no lo sabías? —dijo Mateo, revolviéndome el pelo antes de apartarse y encender el carro.
Yo lo miraba de perfil, y cada vez me parecía más guapo.
Dios santo, ¿cómo pude ser tan tonta como para que me haya caído mal este hombre alto, bien parecido y con tanta presencia?
Mateo sonrió; se le notaba el buen humor.
Con una mano conducía y con la otra me cogió de la mano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)