Alan lo pensó un par de segundos y dijo:
—Para ser exactos, esta es la casa de tu mami.
—¿La casa de mami? —Embi todavía estaba un poco confundida—. Entonces ¿por qué mami nunca nos trajo aquí? ¿Es porque papi no la deja?
Esa pregunta Alan no supo cómo responderla, así que solo bajó del auto y sacó a los dos niños.
Él ya le había avisado a Mateo, pidiéndole que lo esperara en casa.
Claro, como era para darle una sorpresa, en la llamada no mencionó ni una palabra de sus dos bendiciones.
Tomó a cada uno de la mano y los llevó entusiasmado hacia el patio.
Las manitas de los dos eran tan suaves y tiernas que daban ganas de comérselos a besos.
De verdad estaba ansioso por ver la cara de Mateo cuando los viera. Seguro iba a ser sorpresa y emoción a la vez.
La verdad, después de tantos años de conocerlo, nunca lo había visto reaccionar así a nada.
¡Esta vez tenía que verlo!
Ahhh... entre más lo pensaba, más emocionado se ponía.
Tal vez su emoción fue muy obvia, porque Luki levantó su cabecita y lo miró:
—Padrino, ¿por qué estás tan contento? ¿Acaso quieres mucho a mi papi y por eso quieres verlo ya?
Eh... La lógica de los niños sí que era curiosa.
Alan le respondió, con una sonrisa:
—Sí, vamos rápido.
Embi, en cambio, cuando vio la puerta abierta, de repente se sintió un poco asustada.
Apretó con fuerza la mano de Alan y le preguntó:
—Padrino, ¿de verdad papi se va a alegrar de vernos? Tengo miedo de que no le caigamos bien.
—¿Cómo crees? —Alan se agachó frente a ella y al notar su carita emocionada pero asustada no pudo evitar preguntar—: ¿No será que tu mami les ha hablado mal de su papi?
Embi respondió:
—No, mami nunca habló mal de papi delante de nosotros.
Luki intervino:
—Pero yo escuché cuando mami platicaba con mi madrina. Decían que papi era malo, muy grosero, que siempre lastimaba a mami y hasta la echó de la casa. Así que ese papi no puede ser bueno. Si se atreve a gritarnos a mí o a Embi, yo lo voy a golpear.
Alan le acarició la cabeza y sonrió:
—Está bien, si se pone grosero, yo te ayudo a golpearlo. Con padrino aquí, no tienen que tener miedo.

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