Llegué apresurada al salón privado que Samuel había reservado.
Samuel ya estaba allí, revisando el guion.
El restaurante que eligió tenía una decoración de estilo chino, y el salón estaba decorado de forma fresca y elegante.
Cuando me vio entrar, se levantó y me sonrió:
—Aurora, llegaste.
Asentí, corrí una silla y me senté. Con tono de disculpa le dije:
—Había un poco de tráfico en el camino, perdón por hacerlo esperar.
—Está bien, yo también llegué hace un momento.
Dijo esto y enseguida ordenó al camarero que comenzara a servir la comida.
Volví a observar el salón.
Era enorme, con cuadros colgados en las paredes, y en las esquinas dos macetas con orquídeas que desprendían un ligero aroma.
La mesa era cuadrada y muy grande.
Él y yo nos sentamos frente a frente, lo cual se sentía algo incómodo.
Samuel me sirvió un vaso de agua, pero tuvo que estirar mucho el brazo para colocarlo frente a mí, lo cual me hizo sentir un poco apenada.
Me apresuré a tomar el vaso y le agradecí.
Él contestó con seriedad:
—De nada.
En su cara no había ni una pizca de incomodidad.
Muy pronto los camareros comenzaron a traer la comida y, en poco tiempo, la mesa quedó repleta.
Samuel me pasó la carta, sin mostrar ninguna emoción en su cara, y dijo:
—Aurora, mira si quieres pedir algo más, lo que gustes.
—Ya es suficiente, todo lo que pediste me gusta.
Le sonreí sorprendida y pensé para mis adentros: este Samuel tiene una personalidad de verdad recta.
Frente a él, sentía como si estuviera frente a un maestro estricto, con esa presión constante.
Mientras pensaba en eso, de la nada Samuel me miró. Su mirada era franca y directa.
Dijo:
—No tienes que ser cortés conmigo. Si quieres algo, puedes pedírmelo.
—Está bien.
Le devolví una sonrisa y, al final, no pude evitar añadir:
—En realidad, como solo somos dos, podríamos haber pedido una mesa en el salón principal abajo. Allí las mesas son pequeñas y es más fácil compartir la comida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)