Le sonreí a Mateo con picardía.
Él se levantó, se puso una bata y, mientras me revolvía el cabello con cariño, dijo:
—Espera, voy a cocinar.
Lo miré mientras se alejaba y sentí que el corazón se me llenaba de dulzura.
Qué importa ser descarada, al final resultaba que serlo no tenía nada de malo.
Después de cenar, habíamos pensado en ir a casa de Alan para recoger a los niños.
Pero Alan insistió en que estaban jugando fuera y que al día siguiente los llevaría directo a la escuela, dándonos la oportunidad de seguir disfrutando un poco más de nuestro tiempo a solas.
Mateo no puso ninguna objeción, lo que me hizo sospechar que planeaba agotarme otra vez toda la noche.
Por suerte, esa noche no hizo nada, solo me abrazó y dormimos juntos.
Aunque yo estaba ansiosa por quedar embarazada de nuestro tercer hijo, mi cuerpo no soportaría tantas noches seguidas de locura.
Ya habíamos hecho las paces, y mientras siguiéramos intentándolo, tarde o temprano lo lograríamos.
En cuanto a la enfermedad de Embi, decidí esperar hasta que se revelara la verdadera cara de Camila antes de contárselo a Mateo.
Por ahora, lo principal era encontrar pruebas de todas las cosas malas que hizo esa mujer.
Pensando en eso, tomé el celular y encendí el micrófono oculto.
Pero, aparte de escuchar a Camila manipulando a Carlos con palabras melosas, no había nada útil.
A la mañana siguiente, Mateo ya se había ido a la empresa cuando me desperté.
Me dejó una nota diciendo que el desayuno estaba caliente en la cocina y que no olvidara comer, además de que por la noche regresaría temprano para estar conmigo.
Vaya, nunca pensé que Mateo pudiera ser tan detallista y considerado.
Doña Godines también regresó de su descanso, y trajo varias cosas ricas para Embi y Luki.
Pero poco después de que llegara, una figura entró apresurada a la casa.
Doña Godines exclamó sorprendida:
—¿Señor Cardot?
Levanté la vista y, efectivamente, era mi padre.
Se quedó mirando alrededor desde la puerta, y cuando me vio desayunando en el comedor, se acercó rápidamente.
—Aurora, esta vez tienes que ayudarme a mí.

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