Mateo se quedó sin palabras y miró a Alan.
Él dijo con una sonrisa:
—Tienes que entender las ganas que tiene una madre de cargar nietos.
Mateo asintió, muy serio:
—Sí, deberías comprender bien ese deseo de tu madre, así que de verdad deberías hacer un mayor esfuerzo.
Al terminar, le lanzó una mirada con mucho significado tanto a él como a Valerie.
Ella se puso roja de inmediato y le dio una patada en la pierna a Alan.
Él se sobó la pierna y protestó:
—¡Oye! No es algo que se pueda apurar. Por eso digo, ¿qué te parece si dejamos que Embi y Luki pasen unos días en casa de mi madre? Ya estuvieron allá estos días, y ni te imaginas cuánto los adora, quisiera tenerlos siempre en sus brazos. Además, seguro que tú y Aurora todavía no terminaron de disfrutar su tiempo a solas, así que aprovechen.
Mateo pareció pensarlo y me miró como pidiendo mi opinión.
Alan, ansioso, tomó la mano de Valerie y le hizo señas para que me convenciera.
Ella dijo rápido:
—Aurorita, tranquila. Alan, la señora Chloe y yo vivimos juntos, así que los tres cuidaremos a los niños. No les pasará absolutamente nada.
Después de sus palabras, Chloe me miró con tanto entusiasmo que hasta me dio un poco de pena.
Aun así, lo más importante era lo que quisieran los niños.
Tomé a Embi de los brazos de Chloe, quien la soltó a regañadientes.
Luego tomé de la mano a mis dos niños y les pregunté:
—Díganme ustedes, ¿quieren pasar unos días en casa del padrino?
Luki miró a Alan y a Chloe, y respondió:
—Sí, yo quiero. La señora Fortin es muy buena conmigo, me gusta.
Después Embi dijo:
—Yo también quiero, mami. En casa de la señora Fortin hay un perrito muy bonito.
Al escuchar eso, Chloe sonrió de oreja a oreja.
—¡Qué niños más lindos y obedientes! Me derriten el corazón.
Se notaba que adoraba a los niños.
Como ellos también querían quedarse, yo ya no puse más objeciones.
Les advertí:

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