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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 972

Le di unas palmadas en el hombro a Valerie y le aseguré:

—Tranquila, yo me encargaré de vengarte.

Ella me miró con nervios:

—No, tú no hagas locuras. Esa mujer es demasiado retorcida y maliciosa, me da miedo que...

—No tengas miedo. Si hace cuatro años me atreví a apuñalarla, ahora también sabré cómo enfrentarla. ¿Le gusta jugar sucio? Pues yo también sé jugar sucio.

Valerie se quedó pasmada, como si no me reconociera.

Yo le sonreí:

—Ya, no te preocupes por mí. Dedícate a recuperarte.

Ella se rio:

—Ahora que tienes a Mateo como respaldo, ¿cómo voy a preocuparme? Si incluso cuando te odiaba estaba dispuesto a protegerte, imagínate ahora que volvieron a estar tan unidos, pegados como dos gotas de agua. Él te cuidará aun más.

Apreté los labios:

—Para nada. Cuando me odiaba, no me protegió ni un poco.

—No, no... sí lo hizo... sí lo hizo...

Valerie se detuvo de repente.

La miré, confundida.

Ella explicó:

—En realidad Alan no quería que te lo contara. Me dijo que lo pasado debía quedar atrás, que no tenía sentido remover esas cosas feas. Pero yo creo que sí es necesario que lo sepas.

La miré intrigada:

—¿Y qué fue lo que te dijo Alan?

—Pues que, cuando Mateo te echó tan rápido de Ruitalia, parte de la razón fue porque tú habías apuñalado a Camila delante de todos, y ella quería demandarte. Mateo le prometió que te sacaría de la ciudad esa misma noche, y solo así ella retiró la denuncia. Además, Alan me contó que, después de enviarte lejos, Mateo fue personalmente a Zuheral, a buscar al dueño de una tienda para pedirle las fotos de ustedes dos. Claro, por eso fue que yo lo vi en el palacio de hielo de Zuheral, resulta que en realidad había ido por esas fotos de la tienda de ropa.

Cuando escuché eso, me invadió una mezcla de sentimientos.

Así que esa vez que lo vi en Zuheral, había sido porque buscaba nuestras fotos.

Mateo siempre ocultó lo que sentía; nunca me lo dijo.

Enterarme ahora, a través de Valerie, me dejó un nudo en el corazón, un amargo dejo de tristeza.

Él siempre se guardaba todo.

Y pensé: si el destino nos hubiese hecho perdernos para siempre, ¿cuánto me habría dolido descubrir todo esto años después?

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