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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 996

Cuando contesté la llamada, escuché enseguida la voz de Asher:

—Señora, ¿no se me había pedido que pusiera gente a vigilar esa casa?

Sentí que el corazón me daba un vuelco.

¿Había novedades de Camila y Bruno?

Asher continuó:

—Mis hombres me acaban de avisar que vieron a Camila entrar en esa casa. Por eso llamé rápido para informar.

Cuando lo escuché, sentí una gran emoción.

Si llevaba enseguida a Carlos para “atraparla con las manos en la masa”, él sin duda se iba a desilusionar de Camila.

En ese momento, dejaría de protegerla.

Con el testimonio de mi papá y el de Carlos, Mateo por fin creería que yo no tuve nada que ver con la muerte de su mamá hace cuatro años.

Aunque él me decía que confiaba en mí, necesitaba que toda la verdad saliera a la luz para que no quedara ninguna duda entre nosotros.

Solo así nuestra relación sería más sólida y duradera.

Además, la muerte de mi mamá fue por culpa de la conspiración de Bruno y Camila.

Él abusó de su puesto de doctor para ayudarla, y después lo hizo pasar por un error en la cirugía, librándose de todo con solo perder su carrera y un poco de dinero.

Si lograba sorprenderlos juntos, no solo podría destapar la verdad de lo que pasó hace cuatro años, sino también obligarlo a entregar las pruebas de todo lo que Camila había hecho.

Y entonces podría mandar a los dos a la cárcel.

Solo de pensar en limpiar mi nombre y vengar a mi mamá me llenaba de emoción.

Como temía perder la oportunidad, me llevé a mi papá a buscar a Carlos.

Él estaba en la oficina. A lo mejor porque en estos días había estado pendiente de Camila, tenía trabajo acumulado y se veía muy cansado.

Aun así, cuando me vio llegar, dijo con paciencia:

—Aurora, ¿qué haces aquí en la empresa? ¿Pasa algo?

Mi papá entró detrás de mí.

En cuanto lo vio, Carlos se puso serio.

Antes de que yo pudiera hablar, me dijo:

—Aurora, ¿vino otra vez a llorar y a hacerse la víctima?

Mi papá se molestó, dispuesto a responder, pero Carlos lo fulminó con la mirada y me tomó del brazo:

—Escúchame, Aurora, él es una causa perdida. No te preocupes por sus problemas, déjamelo a mí.

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