Tardó varios segundos en procesar que el reconocido cirujano cardiólogo Alejandro Urdiales estaba de pie frente al humilde lugar donde trabajaba.
«¿Qué hacía aquí para empezar?», se preguntó, pestañeando repetidamente, como si de esa forma pudiera borrar la imagen inexplicable del hombre.
Sin embargo, Alejandro no estaba dispuesto a darle tiempo para asimilar su extraña presencia. Acortó la distancia que los separaba en menos de una fracción de segundo y la tomó del brazo, apartándola de Marcos con demasiada brusquedad.
El sobre de dinero que su amigo intentaba darle cayó al suelo, haciendo que los billetes se desparramaran en la acera, y la expresión del médico se convirtió en una máscara de hielo al percatarse de esto último.
De repente, como si no pudiera controlar sus propios impulsos ni actuar como el médico respetado y correcto que se suponía que era, movió la pierna con rapidez y pisó los billetes, ocasionando que algunas magulladuras se crearan en los mismos.
—¡No! —gritó al ver cómo destruía el dinero que su amigo se había ganado con tanto sacrificio. Sin embargo, su queja pareció molestarlo mucho más.
—¿Estás tan falta de dinero, Selene? —la sacudió del brazo sin poder controlarse—. Si tanto lo necesitabas, debiste abrir la boca antes y pedírmelo.
Marcos, incapaz de quedarse únicamente observando —cosa que le agradeció con el alma—, se metió al instante, tratando de hacer que aquel hombre cruel la soltara.
Pero no, Alejandro no estaba dispuesto a permitir que la alejaran de su lado. El hombre actuaba justo igual a un león hambriento que acababa de capturar a una presa debilucha e indefensa, que pensaba devorarse en soledad.
Lo que recibió su amigo en respuesta a su intento de apartarla de aquel animal fue un empujón en el pecho.
—¿De verdad piensas cambiarme por este imbécil? —ni siquiera le estaba prestando atención a Marcos. Conociendo su retorcida manera de pensar, para Alejandro, Marcos era igual a basura, es decir, nada. Absolutamente nada. Y no podía permitir que lo humillara.
—Imbécil serás tú, Alejandro —forcejeó para que la soltara, haciéndolo molestar mucho más—. Marcos es mil veces más hombre que tú, y lo preferiría en esta y mil vidas más.

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