A Marco se le heló el cuerpo. ¿Desde cuándo estaba Evaldo poniendo los ojos en Sania?
¿Desde que Sania todavía era su novia, Evaldo ya lo estaba planeando todo?
—Te ves pálido. ¿Dije algo mal?
Marco estiró apenas los labios.
—No. Gracias, Luke.
Si Luke no lo decía, Marco no habría sabido cuánto tiempo lo tuvieron con los ojos vendados.
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Sania tenía miedo de que, aprovechando que la abuela no estaba en la casa, Evaldo fuera a usar “la última vez” de la semana.
Por suerte, dos noches seguidas el hombre se portó bien.
A lo mucho la abrazaba y le daba unos besos, y luego se dormía tranquilo.
El viernes, Evaldo le pasó una invitación de boda.
—Mi compañero de cuarto de la universidad se casa. ¿Mañana me acompañas?
Sania pensó que Evaldo había estudiado la universidad en el extranjero.
—¿Estudiaste aquí?
Evaldo asintió.
—Sí.
Sania antes no se había fijado en él, así que no conocía su historia.
—Está bien. ¿Hay que llevar regalo?
El hombre sonrió un poco.
—No, ya se lo transferí. Ese tipo solo ama el dinero.
Cuando Evaldo llegó con Sania, abrazándola ligeramente por la cintura, al lugar de la boda, de inmediato se volvieron el centro de atención.
Su amigo Fabio se acercó emocionado y le dio un golpe amistoso en el hombro.

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