¿Y eso qué significaba?
¿Pilar se lo había dicho para meterle veneno y pelearla con Evaldo?
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Sania llegó a casa y Evaldo todavía no volvía.
—Señora, ya está la cena —avisó Lucía.
—Gracias, Lucía.
Brenda había cenado desde las cinco. En la mesa, Sania comió sola.
Por suerte, no pasaron ni cinco minutos cuando Evaldo entró.
—Amor, ya llegué.
—Ajá.
Sania respondió sin ganas. Tenía la duda atorada y quería preguntarle por Isabella.
Ese hombre nunca había tenido cerca a una mujer durante tanto tiempo.
E Isabella, como su doctora de rehabilitación, había estado con él a solas fuera del país durante cuatro años. A Sania le subió una punzada de celos.
—Oye… cuando estuviste fuera recuperándote, ¿la pasaste muy duro? —preguntó de golpe.
A Evaldo se le oscureció la mirada.
—Más o menos. ¿Por qué lo preguntas de repente?
—Curiosidad. Quiero conocer tu pasado. ¿Me cuentas de esa época?
Sania lo miró con expectativa, pero él le evitó los ojos.
—No hay mucho que contar. Pura terapia, bien aburrida. Pero tu marido sí se rifó, si no, me quedaba en silla de ruedas para siempre.
Lo dijo como si nada, pasando el tema por encima, y a Sania se le cayó el ánimo.
Ella ya había sido “reemplazo” de alguien una vez. No iba a aceptar serlo otra vez.
Evaldo ni se dio cuenta de que ya la había lastimado.
Esa noche, cuando subió, el cuarto principal estaba vacío.
La encontró en el cuarto de visitas.
—¿Y esto?
Sania lo empujó hacia afuera.
—Roncas. No me dejas dormir. Hoy duermo aquí.
—¿Yo cuándo ronco?
Si no, ese hombre que nueve de cada diez veces decía que no podía salir, ¿cómo iba a querer irse a tomar hoy?
—¡No digas tonterías! ¿Cómo se va a hartar de mí? —Evaldo apretó los dientes, furioso.
Jacob se burló.
—Claro que puede. Mejor búscale por dónde, porque fuera de Sania, nadie se atrevería a aguantarte.
Evaldo se quedó mudo.
Jacob ya no quiso seguir y colgó primero.
Evaldo se quedó con el coraje encima, mirando el celular.
—Jacob, ¡yo te deseo que te quedes soltero toda la vida!
Jacob, ya con la llamada cortada, estornudó de la nada.
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Tres días después, Ramona por fin recibió el resultado de la prueba.
Fue directo al final. Cuando vio esa línea con 99.99% de probabilidad de parentesco, por fin lo confirmó.
Iván era su hijo.

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