Ramona volvió a despertarse de golpe, saliendo de un sueño.
Esa noche no durmió con Roque; se quedó con Iván.
Cuando abrió los ojos, estaba empapada en sudor. Esta vez, en el sueño había aparecido alguien más: León, un antiguo compañero de trabajo de Roque.
León parecía otra persona. Estaba frente a Ramona, frío como una pared.
Le dijo con voz helada:
—¿Quién te dio permiso de terminar? ¿Ya no quieres cambiarle el corazón a tu mamá? Si no soy yo, ¿quién te va a conseguir una compatibilidad?
La Ramona del sueño lo miraba sin saber qué hacer, solo podía suplicar.
Pero León seguía igual de indiferente.
—Si elegiste terminar, entonces tu mamá se queda sin ese corazón.
Ramona se movió tan brusco al despertar que hasta Iván se despertó.
—Mamá, ¿qué pasó?
Ramona se obligó a calmarse rápido.
—Nada, mi amor. Solo tuve una pesadilla. Perdón, te desperté.
Iván negó con la cabeza.
—No pasa nada. Mamá, no tengas miedo. Si me abrazas, ya no vas a soñar feo.
En ese momento, la inquietud que traía en el pecho se le aflojó de golpe.
Algo parecido al instinto materno se le encendió hasta los huesos. Lo abrazó con ternura y le habló suave.
—Gracias, mi vida. Duerme. Buenas noches.
—¡Buenas noches, mamá!
Al día siguiente, Ramona todavía recordaba con claridad esa pesadilla.
Esta vez ya no la tomó como un sueño sin sentido.
Como la vez anterior, cuando soñó que terminaba con Roque y luego le llegó aquel mensaje extraño… ahora parecía claro que había sido cosa de León.
Ramona no se atrevió a alertar a Roque. Así que, sin hacer ruido, fue a una agencia de investigación privada para pedir que averiguaran qué había detrás de todo.
—No te preocupes. Hay que dejar que las cosas fluyan. Estás joven, no tienes por qué tener problemas.
Sania: «…»
Ella estaba bien. ¡La que empezaba a sospechar que tenía problemas era de Evaldo!
—Hagámoslo juntos y ya nos quedamos tranquilos. Si hay algo, lo atendemos a tiempo, ¿no?
Evaldo sintió una duda difícil de explicar, pero si ella insistía, tampoco tenía motivo para negarse.
—Está bien —dijo con una risa corta.
A la mañana siguiente fueron al hospital a hacerse los estudios. Mientras esperaban los resultados, Sania miraba de reojo la cara del hombre a su lado.
Pero Evaldo estaba tranquilo, como si no pasara nada.
Ella pensó: si sale que el problema es de él… ¿cómo hago para no hacerlo sentir peor?
No alcanzó a darle muchas vueltas cuando llegaron los resultados.
—Los dos están bien. La calidad y movilidad de los espermatozoides del señor Camoso es saludable, y el cuerpo de la señora también está en buen estado. No se preocupen. A veces la ansiedad también juega en contra. Déjenlo fluir y ya. No hace falta que vuelvan a hacerse estudios.

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