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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 321

El fin de semana, Evaldo llevó a Sania a un hospital público. El director era familiar de Jacob.

La primera confirmación del embarazo había sido a las carreras. Evaldo lo pensó varias veces y al final eligió ese hospital para abrir el expediente como se debía.

El doctor preguntó como parte del protocolo:

—Sr. Camoso, Sra. Camoso, ¿fue un embarazo natural?

Evaldo contestó sin pensarlo:

—Doctor, pues claro. Todo bien natural.

—Amor, dile al doctor que yo no te obligué.

Sania le puso los ojos en blanco.

—Doctor, ni lo pele. Trae la cabeza mal. Sí, fue natural, no hicimos nada de fertilización.

Evaldo apretó los labios. Ah, era eso lo que preguntaban.

El doctor, con cubrebocas, hizo un esfuerzo por no reírse.

—Bien, Sra. Camoso. Ya registramos todo. La siguiente revisión es cuando el bebé cumpla ocho semanas. En esa cita haremos un ultrasonido para descartar un embarazo ectópico.

Al oír eso, Evaldo volvió a preguntar:

—Doctor, ¿para entonces ya se puede ver el sexo?

El doctor frunció el ceño un segundo y luego se relajó, pensando que Evaldo quería un niño.

—Disculpe, Sr. Camoso. Aquí no se permite revisar eso. Si lo necesita, puede esperar a los cuatro meses y acudir a una clínica especializada.

—Ah, no, no hace falta. Yo solo quería saber si es niña.

Sania ya no lo aguantó. Le apretó el brazo con fuerza.

—Doctor, ya entendimos. Gracias.

Al salir del consultorio, Sania lo fulminó con la mirada.

—Qué vergüenza me hiciste pasar. La próxima revisión no quiero que me acompañes.

Evaldo la abrazó de inmediato.

—Amor, perdón. Es que me preocupa el bebé. La próxima vengo ya bien informado, ¿sí?

Los dos iban hablando y riéndose sin notar a Yuria de frente.

—Sani…

Sania volteó. Tenía meses sin verla y Yuria se veía mucho más demacrada.

Yuria los miró saliendo de obstetricia.

—Sani… ¿estás embarazada? Felicidades.

Hasta ese momento, Yuria entendió lo tonta que había sido. Tonta, sin remedio.

Pensó en la hija que acababa de ver: estaba embarazada. Aunque no lo estuviera, tampoco la iba a cuidar.

Su hija la odiaba con toda el alma.

Yuria negó con la cabeza.

—No, doctor. No tengo familia. Yo decido el tratamiento.

—Doctor… si me hago quimioterapia, ¿qué posibilidades tengo de sobrevivir?

Los tumores malignos siempre eran un problema médico. Ni el mejor especialista podía prometer nada.

—Sra. Talco, si responde bien, la quimioterapia podría darle más de seis meses.

¡Solo seis meses!

Yuria se puso blanca.

—¿Y si no me hago quimio? ¿Si solo me trato de forma conservadora?

—Si no elige quimioterapia y solo toma medicamentos para controlar, probablemente le queden tres meses.

Yuria respiró hondo y decidió rápido.

—Entonces no me hago quimioterapia. Gracias, doctor.

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