Ramona apretó los labios. Frente a un hombre que se estaba poniendo caprichoso, no supo qué decir.
—Ya vámonos. Volvamos a casa. Si llegamos tarde, Iván se va a preocupar.
—Tú solo te preocupas por él. ¿Cuándo te vas a preocupar por mí?
Roque habló tan rápido que Ramona tardó un segundo en procesarlo.
Cuando se dio cuenta de lo que dijo, él mismo pareció arrepentirse.
Después de separarse, Roque se había repetido por dentro que si ella se iba, él no iba a rebajarse a pedirle que volviera.
Pero cuando de verdad se separaron, lo único que le daba vueltas en la cabeza era aquella frase de Ramona: “Yo nunca te he querido”.
Con el orgullo que tenía, era imposible que la buscara para rogar.
Y aun así, fue al orfanato y recuperó a su hijo.
Cuando ella regresó al país, él igual se acercó a propósito.
Incluso cuando escuchó que ella había cancelado su compromiso, sintió una alegría rara, imposible de explicar.
Y cuando ella descubrió que era la mamá del niño, lo primero que Roque pensó fue que por fin podrían casarse sin vueltas.
Tal como decía su hermano: Ramona era la única persona que él había elegido de verdad.
Roque habló, más calmado:
—Somos esposos, no enemigos. Si necesitas ayuda, me llamas a mí. No tienes por qué estar yendo con otra gente.
Ramona se quedó callada, como tomando una decisión.
—Tú sabes que yo perdí la memoria. Pero lo que pude averiguar es que, cuando estuve contigo, fue porque León me lo ordenó.
Roque se quedó un momento en blanco.
—¿León?
Jamás había conectado lo de ellos con ese hombre.
León había sido compañero suyo hacía diez años. Antes eran cercanos, pero como terminaron en áreas distintas, se fueron distanciando.
—Vámonos. Lo de León lo investigo yo. Tranquila: voy a aclararte qué pasó con tu mamá y con tu papá.
—Y a ese tipo… que no pinta nada, ya ni lo veas.
Roque caminó medio paso delante de ella, estiró la mano hacia atrás.
—Vamos.
Ramona se quedó quieta, sorprendida.
Roque alzó un poco la ceja.
—¿Qué? ¿Con otros sí puedes “agarrarte la mano” y conmigo no?
Ramona frunció el ceño, dio un trotecito para alcanzarlo y le tomó la mano.
Roque apartó la mirada. Sin darse cuenta, le acarició con el pulgar el dorso de la mano, y se le subió apenas la comisura.
Sí. Su esposa acababa de declarársele.

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