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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 341

Cuando Ramona salió del trabajo, pasó por una pastelería y eligió el sabor que a Iván más le gustaba.

Ella también quería decirle hoy la verdad.

Pero apenas su carro entró a la casa, el niño la abrazó en cuanto ella se bajó.

—Mamá, ya sé todo. Mamá, tú sí eres mi mamá.

—Tú me olvidaste… pero yo nunca te olvidé.

Las lágrimas de Ramona se le fueron cayendo como si fueran perlitas, una tras otra.

No se imaginó que su hijo ya lo supiera.

Ramona se agachó de inmediato.

—Perdón, mi amor. Fue culpa de mamá. Ya no me voy a ir nunca más, ¿sí?

—Te compré pastel para pedirte perdón. ¿Me perdonas?

Ramona lo miró, nerviosa.

Tenía miedo de que el niño la rechazara.

Iván respondió con acciones.

Le dio un beso sonoro en la mejilla, blanquita.

—Yo nunca culpé a mamá. Solo que… estos años Iván te extrañó mucho.

Un poco más lejos, Roque miraba a mamá e hijo abrazados. Se le movió algo por dentro.

Los dos traían la cara hecha un desastre de tanto llorar.

Él también, por fin, hizo las paces consigo mismo.

—Ya está la comida —dijo, casi en un susurro.

Ramona le limpió las lágrimas a su hijo.

—Vamos, entremos a comer.

—¡Sí! Mamá, vamos a comer.

Pero ya lavándose las manos, Iván parpadeó con sus ojitos todavía rojos.

—Mamá… Evaldo va a tener una hija. Yo también quiero una hermanita.

¡Una hermanita era bien bonita, bien divertida!

A Ramona se le subió el color a la cara.

Levantó la vista y se topó con la mirada de Roque, como si se estuviera riendo de ella.

Él curvó los labios apenas, caminó hacia su hijo y le revolvió el cabello.

—Sí. Vamos a echarle ganas.

Sania negó con la cabeza.

—Tampoco es que yo haya hecho mucho.

—Oye, ¿y qué tal va lo del programa?

Ayer fue el primer día de grabación. Sania sintió que estuvo bien.

—Nada fuera de lo que hablamos. Todo más o menos igual.

Sania ya se había preparado mentalmente: para grabar, desinstaló todas sus redes sociales. No quería ver comentarios.

Incluso borró la app donde transmitían el programa en vivo.

Ojos que no ven, corazón que no siente.

Pero lo que ella no sabía era que en internet ya estaban vueltos locos con ellos.

En los foros ya habían abierto un hilo larguísimo discutiendo el live.

Claro, también había quien decía que era puro show.

En una fábrica abandonada, Julián también vio esas tendencias.

—Carajo… yo aquí hecho pedazos, y él allá presumiendo su romance.

No. Tenía que ir a buscar a Sania para que le diera dinero.

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