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¿Por qué finjo ser muda? romance Capítulo 90

―«¿Qué mensaje?» ―preguntó Delfina.

—Oh, no. —El rostro de Julián se ensombreció, pues oyó una serie de pasos apresurados al otro lado de la puerta.

—Esta es la habitación, Santiago. Los vi entrar con mis propios ojos. ¡Incluso están haciendo esto en pleno día! No muestran ningún respeto hacia ti —dijo la voz.

La expresión de Delfina se volvió severa en el momento en que se dio cuenta de que la voz pertenecía a Ámbar. Sus visitantes tocaron el timbre una y otra vez.

—Abre la puerta. —La voz helada de Santiago sonó desde detrás de la puerta.

—Claro, señor Echegaray —respondió Ámbar.

En ese momento, Delfina se giró para ver a Julián tan pálido como un fantasma. No podía imaginarse cómo acabarían las cosas si Santiago la veía vestida con una bata y compartiendo habitación con él.

«Pip-pip». La puerta se abrió desde fuera. Ámbar fue la primera en gritar a todo pulmón.

—¡No puedo creer que estés haciendo esas cosas a espaldas de tu marido, Delfina!

Santiago entró en la habitación con sus largas piernas, y la mirada en sus ojos le hizo parecer que estaba a punto de asesinar a alguien. La cicatriz de su cara le hacía parecer más siniestro que nunca.

Delfina sintió un escalofrío en la columna vertebral. Ámbar, por su parte, estaba satisfecha de sí misma. En un principio tenía la intención de sacar unas cuantas fotos y dejarlas estar, pero se enteró de que Santiago había vuelto a la ciudad después de un viaje de negocios. Por lo tanto, decidió cambiar su plan y hacer que él mismo fuera allí.

—Es un malentendido, Santiago. —Julián frunció el ceño.

—¿Un malentendido? —murmuró Santiago en tono hostil—. Dame una explicación entonces. ¿Qué clase de malentendido es este?

Por alguna razón, Delfina sintió una sensación de desesperanza al ver la mirada de Santiago.

―«No me creerás a pesar de lo que diga, ¿verdad?»

—Creo en mis propios ojos —respondió Santiago. El aire quedó en silencio a su alrededor durante un rato antes de que Ámbar dirigiera su mirada a Delfina—. Tus actos son una vergüenza para la familia Murillo. Delfina, no puedo creer que sigas haciendo esto a pesar de que Santiago ha sido tan amable contigo todo el tiempo.

«¿Amable?» pensó Delfina con amargura. Se le formó un nudo en la garganta. «Me ha hecho daño una y otra vez, y me ha dejado heridas por todas partes. ¡Incluso tiene a otras mujeres fuera! Nunca ha confiado en mí. ¿Es esto lo que los demás considerarían como una persona»

―«Amable?»

La mirada de Santiago se dirigió a Delfina cuando percibió el olor a alcohol en el aire.

—¿Estuviste bebiendo?

―«No».

—¿No? —Santiago preguntó de nuevo.

—Esperen un segundo, chicos. —Julián habló para cortar a Santiago antes de mirar a Ámbar—. Perecen muy seguros de que Delfina y yo hemos venido juntos aquí. Me preguntaba... ¿Cómo te has enterado de esto tú Ámbar?

La expresión de la joven se endureció de repente.

—Yo... un amigo justo pasaba por aquí. Mi amigo me habló de esto, así que inmediatamente llamé a Santiago.

—¿Tu amigo? ¿Es este tu amigo? —Julián sacó su teléfono y reprodujo las imágenes que había obtenido del vestíbulo del hotel. Hacía una hora, se vio a un hombre con una gabardina sacando a Delfina de un coche. El hombre la llevó hasta la habitación del hotel, y muy pronto se vio a Ámbar corriendo detrás de ellos.

La expresión de Delfina cayó cuando se dio cuenta de lo que había pasado. Se dio cuenta de que Ámbar era la que la había noqueado, y también la que la había llevado al hotel, así que se volvió hacia ella.

―«¿Por qué me has hecho esto?»

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