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¿Por qué finjo ser muda? romance Capítulo 95

—Nadie pensará que eres muda si mantienes la boca cerrada por una vez, sabes. —Santiago miró a Tina con el rabillo del ojo.

—No soy muda —dijo Tina con una sonrisa de satisfacción. Puso los ojos en blanco ante Delfina antes de levantar las tijeras y cortar la cinta de seda roja en dos.

Una vez terminada la ceremonia, Delfina sacó las cintas del escenario. Sintió una sensación agria en el pecho mientras observaba a Santiago y a la otra chica de pie, cerca el uno del otro. Nunca lo había visto ser protector con otra persona de una manera tan atrevida y abierta. Aunque lo hiciera con Ámbar, Delfina sabía que sólo le seguía el juego por el bien de la farmacéutica Murillo.

...

El resto de la celebración tuvo lugar en un hotel. Delfina se aburría como una ostra al ver a todos los invitados brindando y socializando entre ellos, así que decidió salir a dar un paseo.

—¿Qué estás haciendo aquí sola? —La voz de un hombre sonó desde atrás. Delfina dio un pequeño respingo antes de girarse para ver a Santiago vestido con un traje negro. Estaba muy atractivo bajo el cielo nocturno poco.

―«Hacía un poco de calor ahí dentro, así que he salido a dar un paseo» ―respondió ella.

Desde que establecieron el trato hacía tres días, Santiago la había tratado de forma fría y distante. Ya no le preguntaba por su agenda ni por quien se reunía con ella.

»«¿Qué haces tú aquí?» ―Delfina echó una mirada detrás de él antes de continuar con el resto de su frase―. «Tu nueva secretaria parece muy joven».

—Si tienes tiempo libre para echar un vistazo a mi nueva secretaria, ¿por qué no utilizas parte de él para pensar nuestro trato? —Santiago le tendió un documento.

Delfina se congeló por un segundo.

―«¿Es una carta de nombramiento?»

Era un contrato para el puesto de subdirector del departamento de finanzas del Grupo Echegaray. Santiago ya había firmado con su nombre y estampado el sello de la empresa en el documento.

—Eres una hija ilegítima: sería difícil conseguir que Gerardo te permitiera formar parte de Farmacéutica Murillo, ya que no querrá que te involucres en sus asuntos internos. Te llevaría años idear un plan que pudiera funcionar —comentó Santiago.

―«¿Cómo ayuda mi contratación como personal del Grupo Echegaray?»

—Soy una persona eficiente. ¿No desea Gerardo conocer algunos detalles sobre los socios del Grupo Echegaray? Seguro que se acercará a ti cuando sepa que formas parte de la empresa —explicó.

Ella comprendió en seguida la situación.

―«Mañana redactaré mi carta de renuncia».

Santiago asintió con la cabeza.

—Te he buscado por todas partes, Santiago. ¿Qué estás haciendo aquí? —Una joven exageró sus movimientos para empujar la pesada puerta de cristal antes de asomar la cabeza por el balcón. Llevaba el pelo retomado en una coleta y su cara menuda brillaba de juventud. Delfina apretó con fuerza los documentos que sostenía.

La frialdad en el rostro de Santiago se desvaneció cuando se volvió para mirar a la joven.

—¿Qué te trae por aquí?

—Estaba muy aburrida y había mucha gente rodeándome y haciéndome preguntas. Tenía que encontrar una forma de escapar. —Los ojos de la chica se iluminaron al ver a Delfina—. ¡Ya te he visto antes! ¡Durante la ceremonia de inauguración! Hola, me llamo Gloria. Santiago es mi... —La chica sacó la lengua y soltó una risita—. Quiero decir que soy la secretaria del presidente Echegaray. Todavía estoy a prueba.

Tras un momento de silencio, Gloria siguió hablando.

»¿Tú... no puedes hablar? —Miró a Delfina con desconcierto.

Delfina miró a Santiago, pero éste no parecía interesado en presentar a las dos mujeres. En cambio, miró su reloj.

—Vamos, Gloria. Ya es tarde.

—¿Eh? ¿A dónde vamos? —preguntó.

—¿No dijiste que este lugar era aburrido? Te llevaré a otro lugar a comer —ofreció el hombre.

—¿Ahora? Pero hay mucha gente esperándote ahí fuera —protestó la joven.

—No tienes que preocuparte por esa gente —murmuró. Gloria parecía querer hablar un rato más con Delfina, pero la chica no tuvo más remedio que ir detrás de Santiago cuando éste empezó a alejarse.

Por alguna razón, la brisa parecía más fría mientras Delfina observaba a las dos personas que se alejaban de ella. No pudo evitar un pequeño escalofrío. Santiago tenía un nuevo interés amoroso y ya no se preocupaba por ella, pero ¿no era esto lo que ella siempre había anhelado? Si ese era el caso, ¿por qué se sentía tan herida?

...

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