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¿Quién es el hombre de mis sueños? romance Capítulo 16

Patricio se quedó sorprendido. «No hay nadie más en la casa. ¿Está sola?».

—Agua... Agua... —balbuceó Génova con voz débil.

Patricio miró la mesita de noche y le sirvió un vaso de agua, luego se sentó en la cama junto a ella y la ayudó a levantarse para ayudarla a tomar un poco. Parecía que la joven estaba sedienta porque vació el vaso en un santiamén. Él alargó la mano para tocarle la frente, pero su mano estaba fría y Génova sintió alivio ante su tacto.

—Mmm... —Entonces le tiró de la mano, la colocó sobre su rostro y murmuró—: Caliente... Tan caliente...

Patricio había notado su aroma en cuanto ingresó a la casa. «Toda la casa tiene un olor bastante dulce que me resulta muy familiar. ¿Por qué no puedo recordar cuándo me encontré con este aroma?». Le acarició el rostro con suavidad y le preguntó:

—Génova, ¿te sientes mal? Te llevaré al hospital.

Génova estaba un poco más consciente después de las suaves palmaditas en el rostro, así que abrió los ojos y lo miró, media adormilada.

—No. No quiero ir al hospital. —Se sacudió para que le quitara la mano y se acurrucó en su manta—. Frío... Hace tanto frío...

«No luce nada bien. Siente calor un segundo y frío al siguiente, pero no quiere ir al hospital», pensó Patricio y frunció el ceño antes de arroparla con la manta. Luego, sacó su teléfono y llamó a Kevin, quien contestó al instante.

—Pat, ¿cómo te fue anoche? —Sonrió.

«Anoche se fue con la señorita Conejita, ¡debe haber tenido una gran noche!».

—Tiene fiebre. Su temperatura es de treinta y nueve y medio ahora. ¿Qué debo hacer?

—¿Qué? ¿La cansaste tanto que tiene fiebre?

En ese momento, a Patricio se le estaba agotando la paciencia. «¿Qué está tratando de hacerse a sí misma? Primero, no quiere ir al hospital, ¿y ahora se niega a tomar la medicación?». Una expresión de desagrado apareció en el rostro del apuesto hombre; era la primera vez que trataba con una mujer enferma. «¡Esto es tan difícil!». No tuvo más remedio que sostenerla e intentar meterle las pastillas en la boca, pero, para su consternación, la mujer no cooperaba en absoluto. Seguía forcejeando y murmurando:

—No... no quiero eso....

Mientras se retorcía sin cesar, provocó accidentalmente que todas las pastillas cayeran al suelo y Patricio no lo soportó más. Le apretó las mejillas y le dijo:

—¡Colabora más, Génova! De lo contrario...

Se quedó atónito por un momento cuando vio sus labios color cereza y, de repente, su nuez de Adán se subió y bajó cuando tragó. Entonces, se metió las pastillas en la boca y presionó sus labios contra los de la joven. Mientras la besaba, le introdujo las pastillas en la boca. Cuando ella sintió la amargura de las píldoras, intentó escupirlas, pero él ya estaba presionando su lengua contra la boca de ella, obligándola a tragarlas.

Perplejo, pensó: «Sus labios son tan suaves y saben tan dulces. Su boca es tan parecida a la que soñé». Seguía besándola porque no podía resistirse, quería saber si era el mismo sabor que recordaba. Tenía los labios fuertemente apretados contra los de ella, y su lengua permanecía en la boca de la joven.

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