Génova se puso más nerviosa cuando mencionó a su hija.
—¡De ninguna manera! ¡Aún es una niña! ¿Cómo puede trabajar a una edad tan temprana? Debería ser yo la que se esforzara en trabajar en lugar de ella.
Como no sabía nada, Génova había caído en el plan retorcido de Patricio; luego él levantó las cejas mientras tomaba un papel y un bolígrafo antes de escribir un pagaré.
—De todos modos, no tengo problema que usted trabaje para mí. Es bastante complicado tener a una niña pequeña trabajando.
En realidad, de todas formas, no había pensado en dejar que Julieta trabajara; la hubieran consentido como una princesita si se quedara en su casa. Al principio, Patricio solo quería burlarse de Génova; sin embargo, después de que vio la respuesta seria de ella, pensó que sería la compañera perfecta para él, ya que necesitaba a alguien que pudiera cocinar y acompañarlo en sus comidas. Cuando terminó con el pagaré, lo puso delante de ella.
—Fírmelo.
A la muchacha le acababa de bajar la fiebre y acababa de despertarse; por ello, firmó el papel sin dudar y a la vez temía que le quitaran a su hija. Cuando terminó, Génova se mordió el labio inferior y dijo:
—Tendrá que cumplir su promesa, señor Logan. Soy yo quien va a pagar las deudas, no Julieta.
Mientras hablaba, se palmeó el pecho con seriedad y sus ojos solo reflejaron determinación. Patricio agarró entonces el pagaré y lo dobló antes de guardarlo en su bolsillo.
—Soy un hombre de palabra, llámeme cuando se sienta mejor.


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