Sindy entró en el club y rápidamente buscó a Serena con la mirada, encontrándola sentada en un sofá.
–Serena, ¿qué haces aquí? Corrí como loca cuando recibí tu mensaje. ¿Desde cuándo frecuentas lugares así? ¿Y cómo lograste entrar? Es súper difícil entrar a este club, necesitas tener una tarjeta VIP de cliente–
Serena dejó de girar su copa de cóctel y miró a la más joven con los ojos vidriosos.
–¿Sabías? ¿Sabías que tu hermano presentó a su amante como su novia ante tus padres?–
–¿Qué?– preguntó sorprendida. –¡Claro que no! Sabes que vivo en el apartamento de Steve. ¿Cómo tuvo el descaro de hacer eso? Amiga, te digo, debes dejarlo de una vez, y que mi familia se las arregle pagando esa deuda–
–Lo voy a hacer, me voy a divorciar de él, pero antes voy a devolverle todo lo que me hizo, y ya sé por dónde empezar– dijo decidida.
–¿Devolverle todo? ¿De qué hablas?– preguntó confusa.
–¿Él no tiene amante? Entonces yo también tendré una, tendré un amante y se lo mostraré para que todos vean que el increíble y codiciado actor Erick Strom no puede satisfacer a su mujer– dijo con la voz cargada de alcohol.
–¿Qué? No digas tonterías, tú no eres así, no puedes rebajarte a su nivel. Uf, creo que ya has bebido demasiado, mejor nos vamos a casa–
–No, no voy, no voy a volver a ese apartamento y esperar por él. Hoy él es quien me va a esperar mientras yo paso la noche con otro hombre–
–Cielos, Serena, deja de decir esas cosas y vámonos– dijo mirando alrededor, agradecida por la música alta que impedía que alguien escuchara esos disparates. Nunca la había visto borracha, ¿entonces Serena era ese tipo de borracha escandalosa?
–¡No! Ya dije que no voy. Durante toda mi vida me guardé para ese maldito hijo de puta, soñé con mi primera vez “mágica” con él como una tonta, esperando el día en que él entraría a mi habitación y me tomaría como su mujer, y mientras tanto, él estaba ahí con esa modelo barata, haciendo un bebé con ella– Las lágrimas comenzaron a asomar de nuevo en sus ojos al pronunciar esas palabras, acompañadas de imágenes que la atormentaban.
–Pero ya no voy a esperarlo más, si él no me quiere como mujer, seguro que alguien más sí, y voy a acostarme con el primer hombre que se cruce frente a mí. Si él no quiso hacerme su mujer, habrá quien sí quiera–
–¡Serena!– llamó Sindy al ver que la otra empezaba a caminar hacia la multitud, pero después de unos pasos, se detuvo al chocar con alguien.
Serena puso la mano en su frente por el impacto y levantó la cabeza para ver el rostro de la persona, pero al ser muy alto, se inclinó hacia atrás y casi cae, pero el hombre la sostuvo con una mano en la espalda.
–¡Serena! Perdón, está un poco… borracha– dijo Sindy acercándose y miró al hombre, congelándose al instante al reconocerlo.
Todas esas tatuajes en sus brazos expuestos por la camisa negra remangada, ese cuerpo musculoso que rozaba los dos metros, esos ojos negros penetrantes, el aura que lo rodeaba, todo en él gritaba PELIGRO.
–D-disculpe– dijo bajando la mirada.
Serena miró al hombre que la observaba fijamente, y agarró el cuello de su camisa con ambas manos.
–Oye, ¿quieres acostarte conmigo?– preguntó Serena, y el alma de Sindy casi abandonó su cuerpo.
–¡Serena!– Sindy intentó alcanzar el brazo de Serena, pero el hombre acercó a Serena hacia su cuerpo, alejándola de Sindy, y le lanzó una mirada de advertencia.
–S-senor, con permiso, mi amiga está borracha y fuera de sí, por favor déjeme llevarla a casa–

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