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RECLAMADA POR EL DON DE LA MAFIA romance Capítulo 112

—Ponte en la cama —ordenó.

Me aparté de él y me subí a la cama a gatas. Asher se enderezó con una mirada de absoluto deseo en los ojos. Me sobresaltó la intensidad, la resignación y la oscuridad que se mezclaban en su rostro; lucía como un hombre que había perdido la batalla contra sí mismo. Permanecía erguido y regio, inmóvil salvo por el ascenso y descenso de su pecho mientras sus ojos escudriñaban mi cuerpo desnudo.

Luego alzó las manos y se quitó el saco. Este se deslizó hacia el suelo con un suave crujido. Sin embargo, no se deshizo del chaleco ni de la camisa. Se desabrochó el cinturón con una facilidad experimentada, y el movimiento desvió mis ojos hacia su bragueta y hacia algo que no creí que volvería a evocar en él jamás. Mi mirada se quedó congelada en el bulto de sus pantalones.

La vista de Asher se dirigió a mí y se detuvo con las manos puestas en el cierre.

—¿Qué? ¿Nunca habías visto una erección antes? —hubo un rastro de diversión en su voz, pero casi terminaba ahogado por el deseo ronco que arrastraba.

Yo solo me mordí el labio ligeramente. Asher me lanzó una mirada extraña. Continuaba tan en control, tan sereno, y aún así... Volví a mirar su entrepierna. Asher bajó el cierre de la bragueta y se bajó los pantalones. Sus bóxers negros hacían poco por ocultar el impresionante bulto.

Quise estirar la mano y tocarlo, pero me contuve y me limité a observar mientras mis nervios comenzaban a alterarse despacio. Había esperado tanto tiempo por esto. Finalmente, se bajó los bóxers. Su miembro estaba completamente erecto, grueso y largo, y una extraña sensación de satisfacción me inundó.

—Siéntate en el borde de la cama.

Me deslicé hacia su lado de la colchón y me acomodé en el extremo, nerviosa, curiosa, emocionada y casi estallando de lujuria. Asher se aproximó hasta pararse frente a mí, con su erección a la altura de mis ojos. Ahogué un grito ahogado antes de poder tragarme el sonido, percatándome de lo que quería hacer. No estaba segura de sí Asher deseaba que yo actuara por voluntad propia. Me tomó la mejilla con la mano, con la palma cálida y ligeramente áspera contra mi piel.

—¿Qué tan lejos has llegado?

Vacilé un instante, pero supuse que quería que respondiera, de modo que dije:

—¿A qué te refieres?

—¿Qué tan lejos has llegado con otros hombres?

—¿Qué? No. No ha habido nadie más, siempre has sido solo tú...

El silencio inundó la habitación. Los latidos de mi corazón se aceleraron, y ese bum-bum pareció volverse más ruidoso cada segundo. Podía escuchar la respiración rítmica de Asher, sin ninguna otra señal de que estuviera sexualmente excitado; salvo por la prueba que se tensaba con firmeza ante mi rostro.

—Quiero que me la chupes.

Su pulgar rozó mis labios y luego se deslizó entre ellos, entreabriéndolos un poco. Esperó, y yo empujé su pulgar con mi dedo antes de succionarlo ligeramente, esperando que lo tomara como una confirmación de que así sería. Se acercó aún más hasta que su punta rozó mis labios. El pulgar de Asher me acarició la barbilla, con la palma todavía sosteniendo mi mejilla.

—Esta noche haremos esto a mi manera... —sentenció, y yo asentí en conformidad—. Lame alrededor de la punta.

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