Resistí el impulso de acariciar mi clítoris. Ya estaba cerca del orgasmo, y él ni siquiera me había tocado todavía.
Asher tiró de mi cabeza hacia atrás hasta que me miró fijamente a los ojos llenos de lágrimas.
—Voy a follar esa boca tuya hasta que el único sonido que seas capaz de hacer sea el de ti atragantándote con mi polla —sentenció con calma.
Me quitó una lágrima con el pulgar. Un escalofrío me recorrió la columna ante el contraste entre su amenaza letalmente suave y su tacto tierno.
—La próxima vez que te diga que hagas algo, quiero que pienses en esto.
Se retiró hasta que solo la punta de su miembro permaneció en mi boca, hizo una pausa y se hundió de un solo golpe seco.
Tuve otra arcada, las lágrimas fluyeron más rápido y el calor en mi vientre se avivó con más fuerza. Gemí. Mis pezones y mi vagina estaban tan sensibles que una fuerte ráfaga de aire bien podría haberme empujado al abismo.
Asher sonrió, y los pinchazos de temor se intensificaron hasta que mi cuerpo entero se convirtió en un cable de alta tensión de sensaciones.
—No digas que no te lo advertí.
Esa fue la última advertencia que recibí antes de que comenzara a follarme la boca de manera tan despiadada que lo único que podía hacer era intentar jalar aire por la nariz antes de que llegara al fondo otra vez.
Mis gárgaras desamparadas se mezclaban con sus gruñidos ásperos y el obsceno golpeo de sus testículos contra mi barbilla mientras castigaba mi garganta exactamente de la manera que había prometido. Duro. Brutal. Implacable.
Me retorcí e intenté aliviar el dolor en mi mandíbula, pero él era demasiado grande y el acto demasiado furioso. Con el tiempo, sin embargo, mi garganta se abrió y él pudo deslizarse aún más profundo con menos resistencia.
—Eso es —gruñó Asher—. Sabía que podías soportarlo.
Gemí ante el elogio. No podía ver bien a través de las lágrimas que nublaban mi visión, pero el zumbido entre mis piernas se había vuelto demasiado fuerte como para ignorarlo.
Estiré la mano hacia abajo para frotar mi clítoris. Antes de que pudiera hacer contacto, Asher se salió de mi boca de un tirón, me levantó y me inclinó sobre la mesa de noche, ignorando mi protesta.
—Lo estabas disfrutando demasiado. No podemos permitir eso.
Me bajó tanto el pantalón de pijama como las bragas antes de abrirme más las piernas con su rodilla, con la voz ronca de lujuria.
—Estás jodidamente empapada por mí.
Mi réplica sonó sin aliento y poco convincente para mis propios oídos.
—Te odio.
La palabra —odio— se agudizó en un alarido cuando su palma impactó contra mi trasero con un doloroso azote.
—Solo yo tengo derecho a odiar en esta habitación... —el golpe más fuerte de todos, uno que hizo que mi cuerpo se sacudiera con el impacto—. Te odio tanto que me vuelve jodidamente loco.

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