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RECLAMADA POR EL DON DE LA MAFIA romance Capítulo 259

Asher

—No me voy para siempre, Leon —dije rápidamente, estirando los brazos para sostener sus manitas entre las mías—. Solo por un rato. Primero tengo que terminar algo importante, algo que asegurará que estemos juntos para siempre. Así que no tienes que preocuparte. Lo prometo.

Él frunció el ceño, y ese pequeño gesto me encogió el corazón.

—Pero... ¿volverás antes de que me despierte?

Sonreí, revolviéndole el cabello.

—No antes de que te despiertes, campeón. Pero regresaré tan pronto como pueda. Y cuando esté de vuelta, pasaremos cada mañana juntos y cada noche, justo como ahora.

Se miró las manos durante un largo momento y luego asintió lentamente.

—Está bien... pero no te tardes mucho, papá.

—No lo haré —contesté, besando su frente—. Estaré de vuelta más rápido de lo que puedas parpadear.

Luego lo cargué con suavidad, sosteniéndolo cerca de mí.

—¿Y sabes qué? —dije, sintiendo una oleada de determinación—. Pase lo que pase, siempre seré tu papá. Nada puede cambiar eso. Ni siquiera las cosas que tengo que hacer ahora mismo.

Sus bracitos se envolvieron con fuerza alrededor de mi cuello.

—Te amo, papá —susurró.

—Yo también te amo, Leon. Más que a nada —confesé, lleno de emociones que no alcanzaba a decir.

Por unos minutos nos quedamos así, solo mi hijo y yo, compartiendo un momento de tranquilidad en el que se sentía como si el mundo se hubiera detenido a nuestro alrededor. En ese instante, supe exactamente qué tenía que hacer a continuación. Cada paso que diera, cada plan que armara, sería por él y por Ariella. Porque mi familia, mi hijo y la mujer que amaba eran mi mundo. Y movería cielo y tierra para protegerlos, para traerlos por completo de vuelta a mi vida.

Con un profundo suspiro, lo recosté con cuidado.

—Muy bien, campeón, es hora de tu cuento. Esta noche lee papá.

—¡Súper! —gritó, saltando un poco de la emoción—. ¡Léeme la mejor historia del mundo!

Tomé el libro de cuentos de la mesa de noche y lo abrí. Sus ojitos estaban clavados en mí, con la anticipación brillando en su mirada. Me acomodé en la cama y Leon apoyó su cabeza contra mí mientras comenzaba.

—Y el valiente pequeño caballero cabalgó a través del bosque... —leí, con voz firme, pero suave, dejando que el ritmo del relato nos envolviera.

Durante un largo rato nos quedamos allí; los únicos sonidos eran el sutil crujido de las páginas y las suaves respiraciones de Leon. En ese pequeño refugio, sentí que todo se calmaba: la rabia, la culpa, los años de incertidumbre. Todo valía la pena por esto: este vínculo, esta conexión, este amor que era más fuerte que cualquier otra cosa.

Finalmente, cerré el libro.

—Se acabó el cuento, campeón. Es hora de dormir.

—Pero, papá —protestó ligeramente—, ¿puedes quedarte un ratito?

Asentí, abrazándolo estrechamente.

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