Ariella
El brazo de Asher se apretó alrededor de mi cintura mientras se cernía sobre mí. Mi cabeza quedó en la almohada donde antes había estado la suya. Elevé las rodillas, envolviéndolas alrededor de su cintura para mantenerlo dentro de mí.
Sus ojos verdes recorrieron la longitud de mi cuerpo, hacia el punto donde estábamos fusionados. Con una ligera sonrisa burlona que encontré demasiado atractiva, comentó:
—Me alegra que sigamos en la misma página, porque aún no he terminado contigo. Ni un poco.
Me reí con fuerza ante su declaración mientras él me sonreía desde arriba. Luego tomó mis manos entre las suyas, entrelazando sus dedos con los míos, y las elevó por encima de mi cabeza. Sus ojos se clavaron en los míos y se movió, embistiendo dentro de mí a un ritmo implacable; uno que habría sido doloroso pero que, en cambio, resultó fácil de ignorar debido al placer que estaba provocando.
Intenté seguir el ritmo de sus embestidas, pero él se movió demasiado rápido. Demasiado explosivo. Demasiado ardiente. Así que me aferré al viaje y dejé que tomara el control. Mis manos se apretaron en las suyas, sujetándolo con fuerza para asegurarme de que no pensara en irse a ningún lado.
Este orgasmo llegó más rápido, cegador, y me invadió casi al instante. Grité. Grité lo suficientemente fuerte como para dejar sordo a cualquiera, y no de dolor, sino de placer. Mi cuerpo produjo ruidos que no creía posibles.
—Oh, Dios.
Asher no cedió, incluso mientras mi orgasmo me desplomaba. Soltó una de mis manos para levantar mi pierna por encima de su cadera, elevándola en un ángulo diferente mientras arremetía dentro de mí todavía más rápido, a un ritmo que no sabía que fuera posible. Apresó mi boca en un beso rudo y posesivo. Sus dientes mordieron mi labio inferior y soltó un gemido dentro de mi boca.
—No puedo contenerme, Ariella. Te sientes jodidamente bien.
Mi otra pierna se apretó con más fuerza alrededor de su cintura, siendo mi exigencia silenciosa para que ni se le ocurriera detenerse o soltarme. Pronto se dejó llevar y sentí su orgasmo en todas partes. A través de su beso, dentro de mi centro, en cada uno de los nervios de mi cuerpo, mientras me electrocutaba con su propia liberación. Liberó mi boca con un jadeo pesado. Dejó caer mi pierna y yo bajé ambas a la cama. Durante un largo segundo permaneció encima de mí, con el rostro en mi cuello, sus brazos alrededor de mí y sus jadeos calientes cubriendo mis pechos desnudos.
Después, deslicé un dedo hacia arriba por su columna.
—Bueno… —empecé, pero no terminé.
—Bueno… —él levantó la cabeza para mirarme—. Bueno, eso fue intenso.
—Muchísimo.
Asher se levantó lentamente sobre sus rodillas y su miembro se deslizó fuera de mí. Una punzada cercana al dolor cruzó mi centro; ahora que estaba vacío, me di cuenta de cuánto me había estirado realmente, pero me pareció bien la sensación. Su dedo delineó mi intimidad húmeda y un sonido de satisfacción le siguió rápidamente.
—Vas a tener que mantenerte alejada de mí por un tiempo cuando regresemos. Dejar que sanes antes de que te folle otra vez.
Me reí, estirándome hacia él de nuevo.
—No es necesario.

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