Entrar Via

Reclamada por el mate prohibido romance Capítulo 3

Nora

Estaba rodeada por los gritos de una manada que no buscaba honor ni ceremonia, sino humillación y sangre.

Mis pies descalzos se hundían en la tierra, en este espacio gris y árido, mientras el vestido blanco se me enredaba en las piernas. El cuchillo pesaba en mi mano, desde pequeña había aprendido a pelear. Pero ahora sabía que no ganaría. Bajo mi piel, Indira se revolvía, inquieta, empujándome a mantenerme en pie.

Debía pelear con mi esposo; en cambio, peleaba con mi mate. Ninguna opción era buena, pero esta era perversa.

Pascal y Tiziano observaban. El otro hermano permanecía atento. Los herejes rugían a mi alrededor con risas ásperas y voces cargadas de desprecio.

—¡Vamos, loba rota! —gritó alguien desde la multitud.

—¡Enséñale quién manda!

—¡Queremos sangre!

Gael se veía inmenso; jadeaba y tenía la mandíbula apretada. Avanzó, y el aire mismo pareció tensarse con cada paso que daba.

Los collares de cuentas de madera se agitaban con cada respiración profunda, como si necesitara recordarse a sí mismo que aún podía controlar lo que latía dentro de él.

Nuestros ojos se encontraron, y algo salvaje, prohibido y feroz se encendió entre los dos.

Indira empujó contra mis huesos, contra mi sangre, contra mi miedo, y por un segundo temí que mi loba corriera hacia él sin permiso, sin reglas, sin importar quién estuviera mirando. Lamentablemente no para atacarlo, sino para pedirle que dejara esta locura.

Pero sabía que sería en vano. Mi mate era un hereje. Mi hermano decía que no tenían honor.

Gael se inclinó levemente, flexionó los dedos y se preparó para atacar, pero no dijo nada. Dudaba que usara su lobo, no,esta sería una pelea en forma humana.

Comenzamos a rodearnos, levantando polvo con cada paso, midiendo la distancia entre respiraciones, entre latidos. Sus movimientos eran fluidos, calculados, como los de un depredador que sabía exactamente cuánta fuerza usar para no matar a su presa. Parecía un baile, no podía dejar de admirar todo lo que él hacía.

Gael amagó hacia mi derecha y, cuando reaccioné, ya estaba sobre mí.

Retrocedí por puro instinto. Lancé un tajo desesperado que cortó el aire entre los dos, y él lo esquivó con un giro elegante que acercó su cuerpo peligrosamente al mío.

La manada rugió, hambrienta.

—¡Qué par de estúpidos!—Tiziano se rió y brindó más allá.

Volví a atacar, y Gael bloqueó con el antebrazo, giró sobre sí mismo y se colocó a mi espalda en un movimiento rápido. Su pecho se pegó a mi espalda.

Su aliento me erizó la piel del cuello hasta la columna.

Me sujetó los brazos y los levantó por encima de mi cabeza, inmovilizándome en una posición que arrancó carcajadas, gritos y aplausos de los herejes.

—¡Así se doma a una loba!

—¡Acábala!

—¡Hazla morder la tierra!

Gael gruñó, un sonido bajo, animal, cargado de algo que no era solo violencia.

Tocó mi vestido y suspiró en mi cuello.

—Maldición —jadeó. Creí sentir sus labios rozar mi piel.

Reuniendo la poca dignidad que me quedaba, me dejé caer hacia adelante y giré el cuerpo con un empujón desesperado. Logré liberarme de uno de sus brazos, me di la vuelta y levanté el cuchillo entre los dos, con la hoja temblando frente a su pecho.

El círculo quedó en silencio. Cuentas de madera del collar cayeron al suelo y los lobos ríeron.

Por un segundo pensé que este era el momento. Gael no podía gritar qué éramos, no ante todos. Pero aquí, solos, podía decirme la verdad. Que él lo sentía, que el vínculo latía en sus venas. Que su lobo me llamaba.

—Corta el acto —le susurré.

Capítulo 3: Negada por mi mate 1

Capítulo 3: Negada por mi mate 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Reclamada por el mate prohibido