—Últimamente, ¿por qué la familia Ureña anda tan alborotada?—
Al pasar por la entrada, Celeste escuchó a Sergio Millán que, desde su mesa, lanzaba el comentario como quien no quiere la cosa.
Con las antenas bien paradas, Celeste preguntó al vuelo:
—¿Qué pasó con ellos?—
—Anoche otra vez fueron a una cena benéfica, mira nada más...—
Sergio le mostró la tablet, donde aparecía Toni Ureña en el escenario, sonriendo y dando un discurso.
—Antes, el joven Ureña siempre hacía caridad pero sin querer llamar la atención, no como Alberto, su papá. Ese sí que hacía poco y cuando donaba, hasta quería quedarse a vivir en la portada de los periódicos. Además, pagaba por salir en la primera plana y presumir que era el empresario más honesto del país. Por eso, uno se ganó el apodo de "la gran madre Teresa del gremio" y el otro, "el megáfono de la caridad".—
A Celeste casi se le escapa la risa con esos apodos.
Decidió quedarse, se sentó con el grupo y le quitó la tablet a Sergio para ver más de cerca.
—¿A poco hasta salieron en tendencias? Y tienen buena audiencia, eh.—
—Claro, porque en esa cena había un montón de famosos, así que todo el mundo estaba pendiente.—
Sergio señaló la pantalla:
—Mira, todos diciendo que hasta de señor mayor, Toni Ureña sigue siendo todo un galán. Un "sugar daddy" de telenovela, pues.—
Celeste revisaba los comentarios, que le parecían de lo más ingenuos, y preguntó:
—¿La familia Ureña ha hecho mucha caridad últimamente?—
—No sólo eso, también han inaugurado varios proyectos que ya había aprobado don Eduardo cuando estaba al mando. Últimamente, el joven Ureña va a todos los cortes de listón y reuniones. Y siempre hay periodistas, hasta en los noticieros de economía dicen que es el nuevo ídolo del mundo empresarial.—
—¿Un veterano convertido en estrella de los negocios?— Celeste hojeó más fotos, esbozando una sonrisa—. Sabe bien cómo lucirse, ¿eh? Si se mete a un reality, capaz y hasta gana.—
—¡Pff!—
Romeo Oslos, que justo estaba tomando agua, no pudo evitar escupir y salpicó a Yeray, que estaba sentado enfrente.
Yeray, que jugaba en su consola, se quedó en shock.

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