Al terminar su trabajo, Mauricio apagó su computadora y se dirigió al baño para darse una ducha y descansar.
Apenas se había desabrochado dos botones cuando se detuvo en seco. Se los volvió a abrochar, dio media vuelta, tomó la carpeta y la laptop de su escritorio, agarró su abrigo y salió de la oficina presidencial.
Acababa de recordar que mañana la pequeña astuta cocinaría para él, por lo que era imposible que pasara la noche en la oficina.
Llamó a Don Eladio, quien, tras recibir la instrucción, acercó el auto a la entrada.
Mauricio bajó y se encontró justo con él.
Don Eladio seguía extrañado de por qué el Señor Mondragón había decidido volver a Residencial La Bahía esa noche. En su mente resonaba el chisme que Zacarías le había contado en la tarde.
Él le había dicho: «El Señor Mondragón no trabajará horas extras ni se quedará a dormir en la oficina esta noche.»
Don Eladio había preguntado: «¿Por qué?»
Zacarías: «La Señorita Ana tiene una cita.»
Don Eladio no había entendido nada y, después de esperar en el auto hasta las diez y media de la noche, pensando que si en media hora el jefe no le mandaba ningún mensaje, él se iría a casa, de repente recibió la orden apenas cinco minutos antes de terminar su turno.
A Don Eladio le pareció todo muy misterioso, así que, mientras esperaba en la entrada, decidió compartirlo con Zacarías de inmediato: «¿Qué demonios está pasando? El Señor Mondragón me pidió que lo llevara a casa.»
Zacarías respondió bostezando: «¿No te lo dije ya? La Señorita Ana tiene una cita.»
Don Eladio seguía sin comprender: «¿Y qué tiene que ver la cita de la Señorita Ana con que el jefe regrese a Residencial La Bahía? ¿O me estás queriendo decir que la Señorita Ana y el Señor Mondragón tienen una cita en su casa? ¡Santo cielo, Zacarías, ¿es eso cierto?!»
«Residencial La Bahía... a ese lugar, a excepción de la señora del aseo, cualquier mujer que entre, ya sea la esposa del presidente o la del joven amo, tiene que avisar con antelación. ¿Y el jefe invitó a la Señorita Ana a su casa?»
«Zacarías, ¿acaso el Señor Mondragón por fin abrió su corazón?»
Zacarías respondió con un emoji de ojos en blanco: «No, el Señor Mondragón está usando su propia casa como cebo.»
Don Eladio: «¿?»
Sabiendo que le costaría explicarlo rápidamente, Zacarías fue directo al grano: «Mañana la Señorita Ana comprará las provisiones y preparará la comida en Residencial La Bahía. El Señor Mondragón aceptó.»
Don Eladio: «¿?»
«¿Aceptó? ¿Cómo que aceptó?»
Zacarías: «Yo también me sorprendí, pero la verdadera intención del jefe es descubrir quién está detrás de la Señorita Ana.»
«¿No ves que ella faltó al examen y le pidió al jefe que investigara a una persona? El jefe piensa que, si ella se entrega sola, no hay razón para rechazarla.»
Don Eladio por fin entendió: «Oh, la está seduciendo, ya veo. Pero... ¿La Señorita Ana ya es mayor de edad?»
Zacarías: «¿?»
Don Eladio: «Bueno, aunque no lo sea, no importa. Si el jefe logra comportarse como un animal aunque sea una vez, por fin podré rendirle cuentas al patriarca, a la señora y a los demás.»
«¿Crees que deba informarle de esto al patriarca? Esa muchachita me cae muy bien, y estoy seguro de que al patriarca también le agradaría si la conociera.»
Zacarías: «...»

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