—Valeria, le creo —dijo Valentina en voz baja.
Valeria, al ver el rostro serio de Natalia, que estaba a un lado, sonrió con frialdad en su interior.
Aunque Natalia lo hubiera visto, ¿qué importaba? No tenía forma de demostrar que la persona con la que había estado de compras ese día era Pablo.
—Natalia, ¿de verdad cree que con estas tretas tan baratas va a conseguir enemistarnos? Desde siempre, la que no ha querido que a Valen le vaya bien ha sido usted. ¡Yo llevo muchos años de amistad con Valen, no será que tiene envidia de nuestra buena relación...!
Mientras Valeria, fingiendo enfado, reprendía a Natalia, esta sacó dos fotos de su bolsillo y se las mostró a todas.
—Valeria, deje de actuar, me cansa.
Valeria, instintivamente, echó un vistazo a las fotos y se quedó de piedra.
Los demás, curiosos, también se acercaron a mirar.
De repente, el aire se llenó de un silencio extraño.
Esas dos fotos de Valeria y Pablo juntos lo revelaban todo. Fueron como una bofetada en la cara de Valeria, haciendo añicos las palabras que acababa de pronunciar con tanta seguridad.
Valentina nunca se hubiera imaginado que lo que decía Natalia era verdad.
Pablo la había rechazado para ir a visitar un lugar turístico, no porque no se encontrara bien, ¡sino para ir de compras con Valeria!
¡Su mejor amiga y su novio, al que tanto quería, la habían estado engañando a sus espaldas!
El cielo le había gastado una broma pesada. Valentina sintió como si la hubieran empujado a un pozo de hielo, y todo su mundo se volvió frío.
Le temblaban las manos al sujetar las fotos. Ver a los dos en las imágenes, riendo y hablando, era una escena que le partía el corazón...
Valentina se giró y, con los ojos enrojecidos y llenos de dolor, miró fijamente a Valeria.

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