Los ojos de Alejandro cambiaron.
—¿Adrián Ferrer?
—El chico que se me declaró ayer.
Con esa aclaración, Alejandro supo de quién hablaba.
—No temas, ahora mismo envío a alguien a tu aula.
Tras colgar, Alejandro, con el semblante serio, llamó a Javier.
—Señor, ¿qué necesita?
—¿Conoces a la familia Ferrer?
—Sí.
—Tienes siete días. Haz que sus acciones se desplomen.
Javier ya estaba acostumbrado.
—Enseguida me pongo a ello.
...
Adrián no se esperaba que Natalia de verdad se atreviera a hacer la llamada y a decir que rompían, tal como él le había indicado.
Quiso acercarse a escuchar, pero Natalia se lo impidió.
Natalia colgó el teléfono y lo miró.
—Ya estás satisfecho, le he pedido romper a mi novio.
Adrián seguía dudando.
—¿De verdad era tu novio?
—Claro, ya hice la llamada, ¿y no me crees?
—¿Y qué dijo él?
—No está de acuerdo —dijo Natalia, con sinceridad.
—¿Y qué si no está de acuerdo? Hay cosas que no dependen de él.
Adrián se mostró indiferente. Ya no le importaba si la persona al otro lado del teléfono era o no el novio de Natalia.
—Ya he hecho lo que me pediste, ¿pueden irse ya? —preguntó Natalia.
—¿Irme? ¿Y tú no me has aceptado? Ya que has roto, ¿qué tal si… consideras ser mi novia?
Natalia lo rechazó con un tono indiferente.
—Aunque rompiera, no sería tu novia, y además, no he podido romper.

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