La droga era potente. Le costó un esfuerzo sobrehumano liberarse del hombre. Justo cuando intentaba escapar, la puerta se abrió.
En el umbral estaban Ricardo y Carmen, con el rostro desencajado por la furia.
Un hombre desnudo y ella con la ropa desgarrada. Cualquiera que viera esa escena pensaría lo peor.
Ricardo le dio una bofetada al instante, gritándole que era una desvergonzada.
Las miradas de desprecio y asco de los invitados todavía las recordaba.
A partir de ese día, a los ojos de Ricardo, de Carmen, de Mateo, Leonardo y Santiago, se convirtió en una mujerzuela sin remedio…
Al recordar aquello, Natalia suspiró en silencio.
Tenía que devolverle a Isabela todo el sufrimiento que le había infligido en su vida pasada.
...
En la casa de los De la Vega, el ambiente era denso como una tormenta a punto de estallar.
Un silencio opresivo lo llenaba todo.
Mateo y Leonardo estaban presentes. Ricardo tenía el semblante sombrío.
Aunque había ordenado a su secretaria que gestionara la crisis en redes en cuanto se enteró, la empresa ya había sufrido las consecuencias. El responsable del proyecto le había llamado directamente para decirle que, tras ver las noticias, y considerando el impacto en la opinión pública, era imposible adjudicarles el contrato.
Incluso había cuestionado su integridad como empresario, sugiriendo que si había criado a una hija ladrona, la confianza en futuros acuerdos era dudosa.
Ricardo se enfurecía cada vez más al pensarlo.
—¡Maldita sea!
Estrelló la taza que tenía en la mano.

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