—¿Cómo conocería a la heredera de los Montenegro?
Las cuatro grandes familias eran poderosas y muy discretas. Rara vez asistían a este tipo de eventos.
—Natalia, feliz cumpleaños.
Mientras todos cuchicheaban, Lucía se acercó a Natalia y le dijo con una sonrisa.
—¿Eh?
¿Natalia? ¿No era Isabela?
Todos los presentes se quedaron de piedra.
Incluso Ricardo se quedó paralizado.
El giro de los acontecimientos había superado las expectativas de todos.
Ricardo no pudo evitar preguntar lo que pensaba.
—Señorita Montenegro, ¿no ha venido a felicitar a nuestra Isabela?
Lucía, al oírlo, lo miró con extrañeza.
—¿Felicitar a Isabela? ¿Quién ha dicho eso? Hoy he venido a ver a Natalia.
Al oír estas palabras, el lugar quedó en un silencio sepulcral.
Pasaron varios segundos antes de que la gente, asombrada, empezara a murmurar.
—¡Dios mío, la heredera de los Montenegro no ha venido por Isabela, ha venido a propósito para felicitar a Natalia!
Las miradas que antes se centraban en Isabela, ahora se dirigieron todas a Natalia.
...
Isabela, de pie en un rincón, se sentía como una tonta abandonada en medio del bullicio que rodeaba a Natalia y Lucía.

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