En un instante, Charly sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
¿Qué... qué estaba pasando?
¿Por qué una chica joven podía tener un aura tan aterradora?
La escena de antes debía ser una broma.
Charly frunció el ceño con fuerza, intentando recomponerse.
Una chica que parecía tan frágil, ¿cómo iba a poder dejar a Marcos en ese estado?
No se lo creía.
—¡Maldita sea, estás buscando la muerte!
Charly apretó el puño y se lo lanzó a la cara a Natalia.
Natalia le agarró la mano, se la llevó a la espalda, le dislocó el brazo en un par de movimientos y luego le golpeó la cabeza con el codo.
Charly escupió una bocanada de saliva con sangre.
Natalia le dio varios puñetazos en el abdomen y lo empujó hacia adelante.
"¡Pum!", la espalda de Charly se estrelló contra la pared. Escupió sangre y se quedó inmóvil.
La calle desierta volvió a quedar en silencio.
Natalia, sin prisas, se quitó la caja de la espalda, la abrió y sacó el guqin que había dentro, dejándolo en el suelo.
Pasó la mano por el espacio que había debajo de las cuerdas y, efectivamente, en el lado izquierdo encontró un pequeño botón. Lo giró un par de veces y salió una pequeña pieza de madera.
Natalia la cogió, echó un vistazo al contenido de la pieza de madera, sacó un mechero de color gris plateado de su bolsillo y prendió fuego a la pieza.
Vio cómo la pieza de madera ardía en sus dedos hasta que solo quedó una esquina. Sopló suavemente la llama restante, dejó el guqin al lado de Charly y se dio la vuelta para marcharse.
...
En el segundo piso de la casa de té, al otro lado de la calle.
Alejandro observó en silencio cómo la figura de la joven se alejaba antes de apartar la vista.
Frunció el ceño, suspiró con impotencia, metió su mano de nudillos bien definidos en el bolsillo de la chaqueta de su traje, sacó el teléfono y hizo una llamada.
—Avenida de los Lirios con calle de las Magnolias, de las seis y diez a las seis y media, borra las grabaciones.
...
Dos horas después.
Natalia estaba de pie frente a la mansión de los De la Vega.
Apenas llegó a la puerta, esta se abrió desde dentro.
En la puerta estaba el portero, el señor Méndez.
Tenía una expresión algo severa. Al ver a Natalia, la miró con escrutinio y un atisbo de aversión.
—Señorita Natalia, ¿aún se digna a volver?
Natalia levantó la vista hacia él.
—¿Qué pasa?
Recordaba que, en su vida anterior, este señor Méndez la detestaba y la trataba muy mal.
Pero como normalmente no se cruzaba con él, no le había dado importancia.
—¿Y encima pregunta qué pasa? —dijo el señor Méndez con severidad—. ¡Hoy han venido los de la familia Alcántara y casi rompen el compromiso con la señorita Isabela!
Natalia entrecerró los ojos.
—¿Casi?
El señor Méndez la miró con frialdad.
—El joven David está profundamente enamorado de la señorita Isabela. Se arrodilló ante su padre, el señor Alcántara, y le suplicó, diciendo que en esta vida solo se casaría con la señorita Isabela. El señor Alcántara solo tiene un hijo y no pudo hacer nada, así que decidió no cancelar el compromiso por ahora.
Y añadió: —¡La señora ha dicho que, por haber causado un problema tan grande y haberse ido de forma tan caprichosa, esta noche, o se arrodilla en la puerta y reflexiona sobre su error, o no vuelve a casa! ¡Que haga lo que quiera fuera, que a la familia De la Vega no le importa!
Dicho esto, el señor Méndez le cerró la puerta en las narices con un "pum".
La señora había dicho que esta Natalia se estaba volviendo demasiado rebelde.



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