Tardó un buen rato en reaccionar. Verónica, con los ojos enrojecidos de rabia, levantó la mano para abofetear a Natalia.
—Tú, zorra...
Antes de que su mano pudiera tocar a Natalia, esta se la sujetó con fuerza.
—¡Suéltame! —gritó Verónica, mirando su muñeca, que Natalia apretaba con fuerza.
—¿No puedes soltarte tú sola? —le preguntó Natalia.
Verónica, furiosa, mientras intentaba liberarse de la presa de Natalia, gritó: —¡Daniela, Fernanda! ¿A qué esperan? ¿Se han quedado tontas?
Daniela, al reaccionar, se dirigió inmediatamente hacia Natalia.
Antes de que pudiera acercarse, Natalia la mandó a volar de una patada. Cayó al suelo y volcó un cubo de agua.
Daniela, agarrándose el estómago, miró a Natalia con incredulidad.
—Daniela, ¿qué te pasa?
Fernanda se apresuró a ayudar a Daniela.
Daniela, sentada en el suelo, se agarraba el estómago. Le dolía tanto que se le saltaban las lágrimas y su rostro palideció.
—Me duele mucho, Fer, me duele el estómago, buaa...
La patada había sido muy fuerte.
Fernanda también lo vio, y al mirar a Natalia, no pudo evitar sentir un poco de miedo.
El rostro de Verónica también se ensombreció. Le gritó a Natalia: —¡Estás loca!
Esa voz aguda le taladró los oídos, y a Natalia le dolió la cabeza.
Apretó con fuerza la muñeca de Verónica.
Esa articulación era mucho más frágil que cualquiera que Natalia hubiera roto antes.
—¡Ah! —Verónica soltó un grito ahogado de dolor.
Natalia no quería armar un escándalo, así que la empujó.
Verónica cayó al suelo desmañadamente.
Sabiendo que no era rival para ella, Verónica no se atrevió a moverse. Solo pudo mirar a Natalia con una mezcla de ira y humillación.

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