La aparición de Vanessa fue una sorpresa total para Emilio.
Ante esta inesperada situación, Emilio tenía sentimientos encontrados.
Al principio, cuando Vanessa se le acercó, no le creyó. Sin embargo, después de que el resultado de la prueba de paternidad confirmara que efectivamente era su hija biológica, Emilio, aunque le resultó difícil de aceptar, tuvo que obligarse a reconocer la verdad.
Fue hasta ese momento que Emilio realmente comprendió cuánto le debía a su hija.
Él la trajo al mundo, pero no pudo protegerla como debía.
Después de la escuela, a las cinco de la tarde, Vanessa buscaba el auto de la familia Leyva cuando se sorprendió al ver un conocido auto negro.
—Deja de buscar, hoy el chofer no pudo venir —dijo Emilio mientras bajaba del auto con pasos largos.
Vanessa se quedó mirando, atónita, cómo él se acercaba.
—¿Por qué viniste? —preguntó Vanessa, intrigada, aunque no lo mostró en su expresión.
Aunque la última vez Emilio la había llevado a cenar, Vanessa no creía que él hubiera venido simplemente para recogerla de la escuela.
Después de todo, recordaba claramente lo reacio que él había sido al conocerla por primera vez.
—Hoy el chofer tuvo un imprevisto y yo estaba disponible —Emilio respondió con una expresión que se tensó por un breve momento, evitando la mirada de Vanessa de manera discreta.
Vanessa asintió, sin sospechar.
Una vez en el auto, Emilio rompió el silencio:
—Más tarde vamos a actualizar tus documentos de identidad.
Era algo que Emilio había decidido antes de venir.
Vanessa detuvo sus movimientos, intentando comprender a Emilio.
—¿Por qué?
Estaba más que consciente de lo difícil que había sido para él aceptarla al principio.
Emilio, al notar que ella recordaba su primer encuentro poco agradable, sintió un leve remordimiento.
—Al principio, no pensé que realmente fueras mi hija biológica —explicó Emilio.

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