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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 202

—Cristóbal ya está grande, de malas pulgas y nada eficiente en el trabajo. Siempre nos termina haciendo quedarnos hasta tarde. Si no fuera porque tengo que mantener a mi familia, ni loca seguiría trabajando en el mismo equipo que él. Al lado de Consuelo, ese tipo parece un ogro; Consuelo, en cambio, es un ángel.

...

Las voces y los comentarios recorrían todo el set. Algunas frases, por más que quisieran disimular, terminaron llegando a oídos de Cristóbal.

Cristóbal tenía la cara tan tensa que parecía que se le iba a partir. Sus ojos se oscurecieron con una rabia contenida y, en ese momento, juró que se la cobraría a Vanessa. Pensó para sí: “Tú… tú no eres más que una escritora novata, ¿de veras no te da miedo hacerme enojar?”

Vanessa soltó una sonrisita, ignorando olímpicamente la amenaza de Cristóbal.

—Saca tus trucos más sucios, si quieres. Aquí te espero —le respondió, sin inmutarse.

Luego, giró para mirar directamente al director y dijo con voz firme:

—Avísale a tu empresa que siempre no vendo los derechos. Quiero romper el contrato.

Vanessa habló con tal seguridad y decisión que todos se quedaron helados. Ni un titubeo, ni una sola duda.

—¿Cómo? ¿Romper el contrato? —El director, Cristóbal y Victoria casi gritaron al unísono, los tres con el color escurriéndoseles del rostro.

En ese momento, no solo ellos se sorprendieron. Beatriz, al oír la palabra “romper el contrato”, sintió un escalofrío recorrerle la espalda y la cara se le puso blanca de golpe.

Ni tiempo tuvo de pensar. Corrió a tomarle el brazo a Vanessa y la arrastró lejos, buscando un rincón apartado donde pudieran platicar sin testigos. Cuando por fin estuvieron solas, Beatriz la soltó de inmediato.

Con los ojos como platos y la voz temblorosa de preocupación, Beatriz le reclamó:

—¡Vane! ¿Se te fue la cabeza o qué? Si ahora te echas para atrás, vas a tener que pagar una multa tremenda…

—Prefiero pagar esa penalización antes que ver cómo destruyen mi historia —Vanessa respondió con una calma pasmosa, sin dejar que sus emociones asomaran ni por un segundo.

—¡Pero estamos hablando de un millón de pesos! —Beatriz casi no podía ni pronunciar la cifra. Solo de pensar en tanto dinero, sentía que le dolía hasta el alma.

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