Desde la última vez que Vanessa subastó esa pastilla para alargar la vida en la fiesta de cumpleaños de Alonso, el viejo había pasado varios días tirado en la cama, sin probar bocado ni tomar ni un trago de agua; su salud se fue a pique a una velocidad alarmante.
Sin poder hacer más, Sebastián y Estrella decidieron ir a visitarlo en persona.
Pero Emilio no les dio ni chance de cruzar la puerta: los despachó de inmediato, sin dejar espacio para protestas. Incluso el propio Alonso les cerró la puerta en la cara, sin molestarse en disimular su rechazo.
Desde que Emilio supo del maltrato que Alonso le había dado a Vanessa durante la fiesta, también perdió toda simpatía hacia ese viejo amigo de la familia. De ahí en adelante, la familia Leyva no pensaba volver a tener trato con los Barrera.
Ni Estrella ni Sebastián imaginaron que Emilio y Guillermo serían tan tajantes. Al ver que los mayores no les hacían caso, no les quedó de otra que enfocar sus esperanzas en Vanessa.
Esa noche, al enterarse de que Vanessa estaba leyendo en la biblioteca, corrieron para allá.
Esperaron en la entrada hasta las siete en punto, cuando por fin vieron la silueta de Vanessa acercándose.
Sebastián fue el primero en llamarla:
—Señorita Leyva.
Con solo escuchar la voz, Vanessa ya adivinaba quiénes eran. Los miró con una expresión tranquila y asintió, sin mostrar ni un poco de calidez.
Después de todo, no sentía ninguna simpatía por el patriarca de los Barrera; era lógico que tampoco la tuviera por estos dos.
Sebastián le sonrió, buscando ser amable:
—Señorita Leyva, ¿podríamos sentarnos a platicar un momento?
—¿Es por la pastilla para alargar la vida? —Vanessa soltó una media sonrisa, directa como siempre, y dejó en claro el motivo por el que la buscaban esa noche.
La franqueza de Vanessa tomó por sorpresa a Sebastián, que se quedó callado un instante antes de esbozar una sonrisa incómoda:
—La verdad, sí, señorita Leyva. Usted es muy perspicaz.
—Gracias por el cumplido —le respondió Vanessa, devolviéndole la sonrisa.
Pero apenas un segundo después, la sonrisa de Vanessa desapareció por completo. Se puso seria y los rechazó sin rodeos:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas