—¿Qué condición? —David la miró, sorprendido, esperando la respuesta de Vanessa.
Vanessa respondió con calma:
—Cuando llegue el momento, seguiré dándote clases particulares todos los días. Tienes que prometerme que no vas a descuidar tus estudios.
David soltó un suspiro aliviado, una sonrisa se dibujó en su cara.
—Está bien, lo prometo.
...
Unos días después, David junto con Fausto, Patricio y Vicente lograron reclutar a un nuevo integrante para su equipo. Ahora eran cinco, y cada tarde, después de clases, se reunían en el cibercafé para practicar juntos. De vez en cuando, invitaban especialmente a Vanessa para que los orientara y les diera algunos consejos.
El viernes, durante la cena familiar, Guillermo se enteró de todo esto y explotó de coraje.
—Ya casi es el examen de ingreso a la universidad y en vez de prepararte como se debe, te pones a jugar ese juego inútil, ¿quieres que me dé algo del coraje? —Guillermo soltó la frase, frustrado, incapaz de entender a su nieto.
—Abuelo, es que no entiendes, ese es mi sueño —respondió David, con una expresión seria. No le sorprendía para nada la reacción de Guillermo; desde pequeño, nunca le había gustado verlo jugar videojuegos.
Guillermo puso las manos detrás de la espalda, soltó un resoplido y gritó:
—¿Sueño? ¡Por favor! David, estos años en la vocacional apenas y has hecho algo decente. No eres bueno para los estudios, tampoco quieres aprender en la empresa. ¿Cómo es posible que yo, Guillermo, tenga un nieto tan inútil?
El rostro de David se ensombreció. Aunque no era la primera vez que Guillermo le decía esas cosas, escuchar esos comentarios frente a toda la familia lo hacía sentir incómodo y dolido. Guillermo ni siquiera se esforzaba en disimular, lo dejaba en vergüenza sin reparo alguno.
Cuando parecía que la discusión iba a escalar, Vanessa intervino antes de que explote el ambiente.

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